jueves

El adiós cotidiano


El adiós es más crudo cada vez, cada vez menos soportable. Es como desgarrarse la piel en pedazos. Como, arrancar una a una las uñas de manos y pies. Como jalar con fuerza el cabello y que éste se desprenda del hueso hasta sangrar. Como el cáncer más cruel y devastador en etapa terminal. Como implosión de las entrañas, imperceptible para mis semejantes. El dolor emocional golpea tanto, que con frecuencia me descubro con dolor físico, aquí en mi pecho, cerca del corazón…

Esta sensación de quebranto me acompaña día y noche, noche y día.

Es por ello que prefiero pensar en esa carita que me mira con dulzura, en esos ojos llenos de luz y brillo, de ilusión y de amor. En esa charla de mujer de treinta y tantos a mujer de ocho. Esa coquetería heredada, que te hace lucir radiante con tu sonrisa limpia y pura. Esa capacidad de creer en la voluntad de las personas. En esa lágrima fácil ante cualquier emoción que sacuda a tu ser por completo. La risa escandalosa y la sorpresa ante los detalles. La comunicación ágil con tus semejantes traducida en amor. Esa receptividad que te hace sobresalir de entre la multitud…

En todo eso que no hurtaste, sino lo heredaste para bien… o para mal.

1 comentario:

Arturo dijo...

Auch, hasta a mi me dolió, el desprendimiento del cuero cabelludo. Debe ser muy amargo el adios. El dolor es superable con recordar buenos ratos.