martes

Creo en ti


Tengo la imperiosa necesidad de creer en ti. De creer en tus palabras como pasajes bíblicos, como teorías aprobadas sin la necesidad de pasar por el experimento científico. Creo en ti, como si tuviera un detector de mentiras en mis ojos, que al momento de cruzarse con los tuyos la visión es clarita, nítida, limpia..., creo en ti, como en la más bella lectura jamás escrita. Creo en ti como una criatura cree en las palabras de su padre. Creo en ti, como el águila cree en sus alas para volar, como en las palabras nunca dichas. Creo en ti, como el agua que apaga mi sed. Creo en ti, como en tu huella digital, como en que las heridas tienden a hacerse costras y -en ocasiones- no queda marca siquiera. Creo en ti, como que después de una oscura noche, llega la mañana cargada de luz y brisa fresca. Creo en ti, como creo en la seguridad de mis pasos. Creo en ti, como creo en mis lágrimas. Creo en ti, como en el canto de mi corazón, que se había olvidado de la tonada. Creo en ti, como mi cerebro capta la imagen de mis ojos. Creo en ti, como creo en mis secretos.


Creo en ti porque sí, porque así lo quiero...

Creo en ti como al final del día quiero, necesito creer en mí…

6 comentarios:

Exenio dijo...

Los actos de fe siempre traen consigo la imperiosa necesidad de saberse "culposos"; si esto es así, que valga la pena...

aus dijo...

El problema es cuando uno empieza a dudar, cuando uno ya no cree por completo y se empieza a cuestionar, ¿no crees?

Saludos

Rafa dijo...

supongo que ese "ti" lo trasladas a "Ti", como el mas grande entre los grandes. Se pueden argumentar muchas teorias cientificas, matemáticas, físicas, logicas y todas conjuntadas,en su fuerza, darian como resultado que El no existe. Si este mundo existe como ahora lo conocemos, con su belleza en el arte, en la literatura, en la arquitectura, en tantas cualidades que el hombre conforta al hombre es porque por los siglos de los siglos de alguna manera le motivaba su ofrecimiento al que reina en el mas allá. Tenemos otro mundo que escudriña la materialidad de las cosas, de un principio y un fin conocido, por el hombre, pero que tiene un frio sentimental propio de lo que la existencia terrena solo quiere abarcar, se limita y se delimita a sí misma. Siento que el colorido y el calor de un mandamiento supremo desde una espiritualidad tiene mas riqueza que todos los derechos humanos juntos, y que en declaracion humana, y ese es el problema, que se sabe de donde viene y como son puenteados cuando conviene, si bien el mandamiento supremo, respeto a la vida y el amor a los hombres con la etiqueta del temor a un juicio de almas, frena mucho a la hora de querer saltarselo, porque no solo será enjuiciado por el hombre terreno, sino por el Hombre divino.

Esteban dijo...

Realmente crees? o lo que quieres es creer?
Si lo que crees es verdadero, te felicito en verdad; porque es muy difícil creer ciegamente y dar la mano a alguien confiadamente en guiar nuestro camino con la conciencia de lo inestable del camino.
Aplausos a esta mujer de oro.

Patricio dijo...

Yo creo que me gustas mucho, no te conozco, pero tus palabras son bellas. Seguramente eres hermosa tambien.

Llegue por casualidad y pasare a verte seguido.

Un beso

Anónimo dijo...

Creer o no creer, a mí me cuesta.

Qué chido que lo hagas, buen blog.

mau