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domingo

Requiem in pacem

Hoy, como tantas veces lo hice de niña, subí a la azotea. Hasta el punto más alto del edificio. Siempre me gustó hacerlo. En ese lugar, me daba tiempo de pensar; eran los momentos para volar. Recuerdo que me sentaba en la barda con los pies colgando (qué irresponsable). Disfrutaba ver a la gente pasar. Tomaba el sol y me llevaba refrigerios. Me quedó tan grabado aquel momento: tendría como 13 o 14 años, cuando empezó a llover. Me metí a un domo que me abrigaba de la lluvia y ahí me quedé sólo a mirar. En la acera de enfrente, debajo de un enorme árbol estaba parado un señor mayor con un perrito blanco llevado con una correa, esperando (supongo) que dejara de caer tanta agua. Me dieron ganas de bajar, abrir la puerta y gritarle si necesitaba cobijo. No lo hice. Todo eso lo pensé mientras me moría de frío, pero estaba seca y me sentía afortunada por eso. Recuerdo que en ese momento me sentí triste, como si el mundo estuviera dividido en dos partes al menos. Afuera y adentro. Como contemplar ese pedacito de mundo seca, mientras todo lo que estaba afuera se mojaba. Yo no podía tocar el agua, pero todo olía a lluvia, sentía su humedad y el frío de su brisa. Veía cómo sus gotas se pegaban en los cristales y resbalaban.

Respiré hondo y dejé de pensar en esas cosas (para pensar en otras).

Decía que, volví al rincón reflexivo de la infancia. Escogí ese lugar porque tengo la tarea de ordenar, acomodar, dar prioridad y limpiar el disco duro de mi cabeza; quedarme con lo valioso. Siempre he pensado que estamos vivos, pero llenos de muertos. Cargamos muertos que se van enredando entre nuestras células vivas, que no nos dejan vivir y van limitando nuestra capacidad de acción. Van desde muertitos: el amigo que ya no te habla, esa discusión absurda con tu hermano, tu libro favorito que no encuentras, la mala cara de la cajera del super; hasta los muertotes: discusiones de pareja, celos, el pasado, desencuentros, rupturas familiares, malas decisiones, sociedades moralinas… etc.
El cuerpo es tan sabio que busca la manera de deshacerse de esos cadáveres, pero desafortunadamente lo hace mediante suspiros, llanto, tristezas, migrañas, retortijones, dolores de pecho, colitis, urticarias…, en fin, es impresionante cómo pueden rajar tu calidad de vida los restos no excretados.

Y pues, como no deseo cargar ni cargarle mis muertitos a aquellos que están a mi lado (y que quiero profundamente), seguiré pensando y haciendo mi tarea desde el punto más alto del edificio, pero ahora, con 36 años encima, una libretita de apuntes y mi grabador de voz… a ver a cuantos logramos enterrar. Creo que valdrá la pena el ejercicio...

viernes

Reloj, no marques las horas...


Ella vagabundeaba por las calles con la cabeza baja y pensando siempre. Él hacía lo mismo, a diferencia de que llevaba la mirada puesta en el frente, quiero decir, hacia el horizonte. Ella se cansó de caminar y se sentó en uno de esos cafecitos acogedores de las avenidas de la colonia Roma. Él, y por alguna extraña ley de la atracción de los cuerpos (naaah, atraído por el ineludible olor a café), se encontraba en el mismo lugar. Se miraron y se regalaron una sonrisa. Por alguna razón él, le saludó y ella respondió amablemente al saludo. Los ojos de ambos brillaron, eso fue real. Siendo él tan tímido, ella se dijo que había que ayudarlo, tal vez ahí empezó la ansiedad, la enorme necesidad.

Quizá fue el barullo, el momento, la charla, el saberse escuchados, la comunión de pensamientos, el choque de miradas, las palabras, risas… el ensamble perfecto. El lugar donde se gestó la prisa fue en la cabecilla de ella, tan acelerada, tan hambrienta, tan sola y asustada. Se congratuló al fin y se puso una estrellita en la frente. Se dijo que ambos podrían darse toda la ternura, todo el acompañamiento que necesitaban. Cuando él no llamaba, ella completó el acto, cuando él no iba a besarla en la boca, ella tuvo mucha iniciativa. Un día, él la llevó a un parque y hablaron de todo, ella le contó de sus sinsabores, de su inestabilidad e inseguridades. Él le contó pasajes íntimos, de esos que no sabes por qué, pero sientes el calor en pleno proceso de deshielo. Ella sintió "amor" de inmediato (y le agradeció a Disney por todas sus historias). Esa misma noche, y sin pensar, ella le pidió que se quedara a dormir en su casa, él cedió. Se acoplaron en el acto, llenándolo todo de ternura y timidez. Poco tiempo después ella le propuso algo más serio y él dijo que no. Ella pataleó, lloró e insistió. No entendió que forzar los tiempos, descompone los relojes, desajusta las maquinarias, entorpece la autenticidad y acaba con las inclinaciones naturales.

A partir de ese fracaso y por varias semanas ella lloró como Magdalena, culpó y etiquetó a todos los hombres, los maldijo, y llegó a la conclusión de que todos son iguales. Nunca miró en retrospectiva para entender que su lucha era en contra del viento (y del tiempo). La realidad (en un acto de egoísmo puro), era sólo como ella la necesitaba.

Fin.
(para mi queridísima Fabiola)
Imagen: "Reloj blando"
Salvador Dalí

Reflexión azotada

De pronto no nos damos cuenta de que, dentro de cada uno de nosotros, se encuentran guardadas una lámpara de Aladino y una caja de Pandora.

Cuando a la lámpara se le acaricia y ésta se enciende, todo se ilumina y entramos en rutas emocionantes y extraordinarias; pero si es la caja la que se abre, entonces sí estamos en tremendos aprietos...

Y esque, creo que así es la vida; a veces ambas, -la lámpara y la caja-, se activan sin decir “agua va”, y nos dejan tamaña sorpresa…, pensar que, sólo un segundo basta para ello.

sábado

Sigo...

Y sigo sentada en la casilla de salida, justo en el inicio. Tengo miedo de precipitarme y volver hacia caminos que no acierto a reconocer, pero que ya he transitado y me niego volver a pasar. Sigo descubriéndome, sigo sacando cartas, sigo apostando, siguen tocando a mi puerta, y sigo abriendo sin mirar. Sigo imaginando, sigo creyendo en ti. Sigo regresando a la fuente de "La Diana", y me sigue sacando una sonrisa cada vez. Sigo buscando un "diente de león¨ para pedir un deseo..., soplar y... (seguir suspirando)

Sólo es que siento de nuevo esta incertidumbre, que ha colmado mis días de una extraña sensación, mezcla entre miedo pausado de quebranto y la tranquilidad de que no se tiene nada qué perder…

Y es que, sigo apostando a la carta más alta, pero algo me dice que la banca es la que siempre gana…

Y es que, sigo pensando que a todos nos pasa, ¿no?


lunes

Llegó diciembre...

Y no has arreglado el trámite burocrático que tanto te aqueja, no has vaciado el cajón, no has pedido una disculpa, no has comprado el vidrio roto de la ventana, no has limpiado la mesita de noche, no has arreglado la gotera, no has llamado a tu prima, no has llevado el reloj a que le pongan una pila, no has renovado tu bitácora, no te acercas a tus hijos, no has dejado de comer pastelitos, haces más de lo mismo, no cambias, no te renuevas, no tomas tus vitaminas, no buscas al oculista, no juegas más a la pelota, no buscas un departamento, no limpias la mancha del sillón, no te compras un sillón, no planeas tu lista de la compra, no buscas un trabajo nuevo, no besas a tu amante en la boca, no cambias el cancel del baño, no vas a que te quiten esa bolita, no cambias ese foco, no mueves la silla de lugar, no tiras la basura, no sacas la ropa vieja del armario, no acabas de leer ese libro, no resuelves tu duda, no tiras los dados, no te mueves lo suficiente... ¿y luego vienes y te quejas?

jueves

A veces...

A veces, si tenemos flores en el jardín, ¿por qué no las regamos? ¿por qué no les cantamos? ¿por qué nos privamos su dulce aroma?

¿Por qué si disfrutamos del cielo, de las eternas caminatas tomados de la mano, de los aires nocturnos, con tanta ternura, con tanta ilusión, con sueños por cumplir; no nos decimos te quiero?

¿En qué momento la razón supera al amor, si es el amor el combustible de la razón? ¿Desde cuándo la emoción no es amiga de la razón?

Muchas veces no se necesitan dramas, ni grandes demostraciones, sólo es que a veces eres piel, no adivino. Y es que a veces, si hay tiempo, si hay sentimiento ¿por qué no lo cantamos? ¿por qué nos lo guardamos?................................................¿por qué lo necesito tanto?

Y esque sí, han venido a verme las lágrimas que se resistían a fluir…, otra vez.

domingo

¿Buscar para encontrar o esperar sin buscar?


A veces, tratando de encontrar algo, que no siempre significa que exista, le hacemos demasiado caso a la lógica que, en ciertas ocasiones está llena de malos pensamientos y nuestro “sentido común” nos juega malas pasadas, que nos hacen aferrarnos a NADA.

Para encontrar algo se necesita de toda una actitud. De tener algo parecido a la fe, y creer en lo que dicen las personas aunque no se mire, de tener la sensación de que esa verdad está ahí, de que existe...

DEJAR de buscar “ESE ALGO” que deseas encontrar, quizá sea en el fondo más saludable que buscar dentro de una tenacidad insaciable, y dejar que las cosas aparezcan para sorpresa de uno o que simplemente no aparezcan, pero que no nos haga daño si eso nunca sucede.

Dicen, que el que busca encuentra. BUSCAR en vano, es desgastante, DESEAR encontrar algo es atroz, pero la verdadera pesadilla es ENCONTRAR para desangelarnos inmediatamente después… y ser eternamente infelices; aunque -como alguien me dijo una vez-, las cosas no sean como parece que son.

Para ti, Paul C.

Sobre la imagen:
google.
http://antisyphus.typepad.com/photos/uncategorized/detective.jpg

A los 73 años...

Las gotas caen una a una sobre mi rostro, un rostro salpicado de manchas de edad acompañado de líneas dibujadas con pincel. Líneas que, con los años se han ido remarcando y son el reflejo de la calidad de los momentos que me tocó vivir.

En abril próximo cumpliré 73 años.

Aunque gozo de buena salud; mi memoria empieza a fallar, las rodillas en ocasiones no responden y camino con dificultad. No me he olvidado de reír, de cantar ni de bailar; incluso tomo clases de danzón, salsa, cha cha cha y, desde hace cinco años que, me reúno a bailar con señores y señoras de mi edad en la Alameda Central, como ritual todos los domingos. Si no fuera por esos domingos, ya me habría vuelto hipocondriaca, inventado no se cuantas enfermedades para llamar la atención de las personas que me rodean. Mis hijas se han casado y se han olvidado de llamar; el día de mi cumpleaños se ha convertido en toda una ceremonia. Es el día que llegan a casa a visitar para partir un pastel, quizá me inviten a comer. Ese día, las miro más hermosas, exitosas y realizadas, cada quien en lo propio. Es el día en que recibo besos, regalos y soy tratada hasta con cierta delicadeza, ternura y amor.

Vivo sola, más no en soledad. Sigo con mi compañero quien, desde hace más de treinta años, ha recorrido las calles del Centro Histórico conmigo en la búsqueda de aventuras; de recovecos agradables para sentarnos y compartir el pastel; de entrar en librerías de viejo y ahí separarnos, tomar cada quien un camino, como dos extraños, para después juntarnos con un tierno beso habitual y salir del lugar sorprendidos y gustosos del tesoro encontrado. Desde hace más de treinta años transitamos por calles y avenidas tomados de la mano, comprando cachivaches maravillosos aquí y allá. Conozco sus manías y obsesiones como si fueran mías. Desde hace más de treinta años mi compañero se volvió mi camarada, mi amigo, mi compinche, mi colega y hasta mi maestro.

A mis 73 años, con un cuerpo de alguien de 73 años, me siento aún atractiva. He aceptado el paso del tiempo y la mella que hace en él. Mi pecho no es apetecible, ya no está erguido. Mis piernas firmes, producto de las largas caminatas, han sufrido merma en su masa muscular. Mi abdomen se ha recubierto de grasita poco agradable a la vista y el espejo me trata con crueldad. Con todo ello, mis acciones, apropiadas a mi edad, hacen que me vea a mí misma –y a otros-, como un ser todavía sexualmente activa (los jóvenes que lean esto harán expresión de horror).

Recibo mes con mes una pequeña pensión con lo justo para vivir. Me he inscrito a cuanto programa sale de ayuda por parte del gobierno. Siempre me dio temor llegar a vieja y ser una carga, así que, me preocupé por guardar unos cuantos centavitos.

Tengo 73 años, con una lluvia tupida golpeando mi piel, en un domingo cualquiera, recobrando el aliento sentada en una banca de la Alameda Central y con la mano asida a mi compañero de hace más de treinta años, llega a mi mente la certeza de que pronto entregaré el equipo. Debo confesar que cada día es un gran logro, me lleno de contento al mirar hacia atrás para volver a decir: Todo ha valido la pena…

Es tarde, me incorporo y me apuro. Abro mi sombrilla. La comparto. Mientras caminamos a paso lento y con escaza agilidad, vamos charlando, recordando y repitiéndolo todo (como hace más de treinta años) hasta llegar a casa…

lunes

El instante...

Esta noche no me ames...

Sólo toma mi mano, sólo seca mi llanto
Sólo deja que pose mi cara en tu pecho
y que mis ojos se queden quietos
tras el beso tibio que recreo en cada ausencia.

Hoy, mi única posesión es el instante:
el instante que sobrepasa…

Nada me aflige ya, he sido directa y honesta
frágil por dentro, engañosamente bella por fuera
como la rosa, como el rojo del vino
como la sangre, como el cáliz bendito.

Mis remordimientos son ligeros,
como los pétalos al caer.
No, no hay que preocuparse
porque así como las rosas que hoy abrieron
regalaron su aroma y matizaron los campos,
tras la intensa lluvia del otoño
habrán dejado su semilla y se habrán marchitado.

Así que, hoy, mi única posesión es este instante:
Este instante que me sobrepasa…

martes

Rompecabezas

De niña: unicornios y fantasías
demasiada imaginación, decían...

De adulto: historias inventadas
esquizofrenia avanzada...



Cómo hacer a un lado
al tirano del orgullo
de la estupidez y sin razón
al delirio que enardece;
crece y empobrece.


(y todo lo que termine en "eSe")


No quiero decir “lo siento”
porque sí ha sido mi intención
desde el fondo del abismo emerjo
intentando jalar aire,
cerrar los ojos, y saber pedir perdón

Dicen;
que nunca es tarde
Digo;
que ya lo es...

lunes

Lo confieso

Me obligo a confesar que todo lo que escribo es muy malo…, qué se le va a hacer.

Sólo puedo inventarme improvisados versos cursis.
La lluvia me tiene cansada, mi vida me tiene cansada, mis textos malos me tienen cansada.

Debo confesar
que los monstruos del pasado me persiguen
se detienen a un lado mío
y siento su vaho resoplando sobre mi nuca

Debo confesar
que desde niña le temo a la lluvia
como temo al llanto,
a la inundación y a la enfermedad.

Debo confesar
que soy un rotundo fracaso,
que no produzco nada firme
pero, Ah, cómo reproduzco
telarañas de mi mente.

Debo confesar
que me enamoré como enana,
que descubrí a Aute apenas;
y que hacía más de 20 años que no lloraba
con una ridícula canción de amor.

Debo confesar
que mis ojos son de anciana
pues 100 años tengo de vida
resumidos, encapsulados en 36.

Confieso que bebí un par de cervezas
que amé y me amaron
y fui feliz por instantes…
pero tengo un nudo en la garganta
y no puedo gritar, pero lo debo confesar.


Ya para terminar, querido lector imaginario, debo confesar que son los monstruos del pasado, que vienen, se burlan y me dejan sus malas pasadas…

Otro pensamiento...

Sonrío a un pensamiento oculto en tu regazo, te querré besar mientras dejo caer mi blusa con la desesperanza de la soledad que acompañará al final. Desnuda caminaré sobre una nube cristalina amenazante de una lluvia fría pero que arde y se evapora sobre mi piel, como tú, como tus besos. Llegaré al fondo de un abismo, en el cual solo se aprecia la humedad de un abstracto negro profundo, lleno de placeres dormidos, que lentamente irán despertando para ti, donde no tengo boleto de entrada, a donde llegué tarde…

La mañana está por llegar y el día nos despertará desnudos sobre la mar.

domingo

Marías...

Sí.

Soy muchas personas en una: puedo ser la amiga, la enemiga, la que llora sin motivo. Puedo ser la solitaria, que brinca de lo efusivo, de la felicidad, del júbilo a la agonía, la que crea y destruye. Puedo ser activa y pasiva, puedo pasarme el día tarareando el ritornelo de la canción más triste del mundo. Mi mente puede tener la capacidad de retener los detalles más insignificantes, pero también puede desechar lo importante; eso es un gran problema que me hace parecer tonta. Pero ¿Quién mide la inteligencia? Acaso, ¿Soy menos inteligente porque no reacciono como lo harías tú, o él o ella? Soy de las que disfruta de las insignificancias como el sonido que emiten las teclas de mi portátil ahora mismo al escribir estas palabras. Amo las palabras raras, las que nadie dice, las que nadie escucha, las extravagantes, las sinsentido, pero también utilizo las palabras rudas, las insultantes, viles y groseras para delinear mis posturas. Puedo ser de las que escuchan, sé hacerlo con mucho respeto y humildad, pero no sé hacerme escuchar. No puedo salir de mi propia escafandra y hacer retumbar mi voz. Soy de las que se vuelven pasionales y profundas en un tema y con facilidad emergen a la superficie, de las que admiran a las bobas que hacen reír al mundo, pero se niega a aplaudir como foca ante ellas...

Soy de las que pocas veces se enamoran, pero cuando lo logran se convierte en una entrega total. La entrega en la que el cuerpo y los sentidos se abren para dar. De las que sueñan que abrazan de noche, de las que escriben versos cursis con el nombre del amado entre líneas. A las que les brillan los ojos de tristeza y aguardiente por cada ausencia de “te amo”, de las que pueden arrojar al vacío el pundonor, de las que un beso lo pueden traducir en obra de arte, y hacerle un monumento al artesano creador de ésta. De las que no creen en el matrimonio, pero que pueden vivir leales como feligreses a uno solo. De las que pueden mirar tiernamente el cuerpo del amado recién duchado y encontrarlo hermoso. Soy de las que no dudan en pedir un recuento de su vida y que me tome del brazo mientras lo hace. Soy de las cursis, que disfrutan las palabras cursis. Y suspiran, y en cada suspiro hay nostalgias. Soy de las que quiere conocer el detalle; cómo toma el café, qué aromas le gustan, mirarle mientras duerme y volver a abrazar. Soy de las que recuerda sus gestos y que pone especial atención a la precisión de sus manos mientras habla. Soy de las que sufre entre cada despedida, pero que le aterra pasar la noche y perder los momentos que a cuentagotas caen justo en su boca como ambrosía.

Soy todas esas personas (y seguramente hay más) atrapadas en este cuerpo de 1.58 quizá sin forma segura, ni personalidad, ni definición, incongruente, inconexa, pero, también soy de las que con suerte al término del día se repiten: hoy fui feliz… y ya.



jueves

Sólo son palabras...

Ah, las palabras...


Imprescindibles, obligatorias, resanadoras..., conjunto de letras acomodadas: Con voz o sin ella, nuestras aliadas...

Palabras indómitas, palabras lacerantes, palabras que guían y que iluminan. Palabras de amor, de pasión, de dolor, de amargura, de tristeza, de placer..., palabras sabias que transmiten conocimiento. Palabras puras de pensamientos impuros. Palabras que dan forma y sentido a la emoción, a la maravillosa descripción del escritor consumado, o del frustrado que ve en ellas lo que no ve en un par de ojos...

Palabras hábiles, traidoras, envolventes, cariñosas y sobreprotectoras. A veces caen por su propio peso; el peso de la realidad, prescindimos de ellas y son sustituidas por imágenes u otros elementos.
Por el contrario, acompañan, refuerzan y dan sentido y color a situaciones que lo merecen, dan cuenta de nuestros pareceres, opiniones, sensaciones, razones…
Son un estorbo o, en un momento dado, arma arrojadiza, herramientas insustituibles, poderosas aliadas.

Pueblan los horizontes más lejanos, los recodos más recónditos de nuestra alma, los sueños más extraños y fantásticos.
¿Cuántas veces nos hemos encontrado con ellas cuando las hemos necesitado?, ¿Cuántas han definido y puesto en su sitio problemas, ideas, sentimientos, actos que sin ellas se hallaban perdidos, desubicados, en pérdida…?

Son un juego, un complejo e infinito laberinto intrincado, un entramado compacto, un telar grueso que nos cobija y esconde, nos delata y nos arroja al mundo acorazados…

martes

Demencia

Tu mente parece saberlo todo
Trabaja a velocidad
A tu mirada de tintes esquizoides,
no le puedo sostener, insondable
Demasiado penetrante

¿Cuántos habitantes hablan al tiempo?
Murmuran y te aconsejan
¡Gritan; aúllan en reclamo unísono!
Tratas de dormir un poco,
pero los inquilinos nunca duermen
Nunca callan

Tomas desesperado la avenida
y te ha vencido el sueño
Sin reparos cierras la cortina de tus ojos,
balbuceas palabras, unas pocas
Una risotada lanzas
No se callan

Golpeas a tu cabeza contra el suelo,
ahora el llanto de niño que conmueve
Recoges y abrazas a tus piernas
vuelves a posición fetal
Un ligero acuno te calma
No callan

Te detienes un segundo
Llama tu atención el reflejo
de unos ojos acuosos y profundos
los desconoces;
te acercas un poco y te descubres.

¡Ahora eres tú el que grita a voz!
Reclamas y maldices
A los ocupantes usurpadores
aniquiladores, despojadores
A los que no callan nunca
A los estafadores invasores
De tu cordura y razón

Y blasfemas en voz alta
Y el resto del mundo te aparta
desnudas tu pecho
Y condenas, a ellos
A los que no callan nunca…

Pedir perdón

No hay culpas en mí,
ni sufrimiento alguno
nunca me he ido de tu casa,
es mejor que sonrías y no llores.

Te espío desde lejos,
y con cariño tejo un cuento
para que rías alto,
con historias locas y fantásticas.

Siento no haber sido capaz de prepararte
para este momento.
Siento haber mentido; todos mentimos...
Siento haberte ocultado este mundo
que no tiene nada de bonito.

Hoy tengo la valentía de pedir perdón
pese a lo imperdonable,
a la espera de fortuna y gracia
en cuanto a mí refiere.

Moriría por volver a mirar
esa sonrisa franca, que tu carilla desprende.
Porque hasta las historias más tristes
De tanto en tanto
Un final feliz comprenden.



...y vivo en la espera de que así sea.

lunes

Otro niño en la ciudad...



Los autos pasan a tu lado,
y como a toro embravecido
esquivas para no resultar embestido.
Es lo único que conoces y a lo único que aspiras.
Una moneda en tus manos
O dos, o tres...

Tu rostro, ahora marchito por el sol,
cenizo por el viento
Por el mal dormir…
¿Cenaste anoche?
¿Qué es lo que tienes hoy para comer?

Caminas juntito a mí
vas con la mirada perdida
triste y algo desencantada…

Atento siempre a cualquier señal de movimiento,
me acechas y reconoces.
Ya no me pides monedas
Solo una sonrisa lanzo de golpe.

Pasado, presente...

¿futuro?

Niño adulto, adulto niño
la vida pasa y no se queda

Me estremeces y abres el paso a reflexionar.




Sobre la imagen: http://labiavanameca.blogspot.com/
y gracias a su autor por permitirme usarlas

No seas prejuicioso...



A veces, actuamos de tal o cual manera movidos por el prejuicio. Si bien, son filtros que están dentro de una sociedad que nos permiten llegar a una conclusión rápidamente y que son aprendidos con base en lo que dicta tu entorno..., muchas veces sin cuestionarnos si son ciertas o no, es lo que hemos adquirido a través de las generaciones...

Los prejuicios son la clave de la discriminación en todos los sentidos

En lo laboral, el prejuicio está hasta en la búsqueda misma del perfil del trabajo a desarrollar. Los más azotados por el prejuicio laboral, tienden a ser los más jóvenes y los más viejos. Si eres muy joven; eres disperso, necesitas tiempo libre, poco comprometido. Eres un excelente candidato para sudar tu juventud, recibir sueldos de miseria y no hay ningún control en la contratación.
Si ya eres más entrado en años y gozas de experiencia, horas de vuelo, callo en tu labor; también vas en la contra porque eres más resabido, tiendes a hacerte apático, puedes enfermar en cualquier momento. Excelente candidato para explotación y sueldo de miseria. El empleado más grande en edad, es mucho más auto suficiente, su capacidad de decisión es mucho más asertiva y el compromiso por el empleo mismo es mucho mayor..., pero ¿Eso qué importa?


Y... ¿Qué hay de los prejuicios religiosos?...
A manera de comentario personal, si éstos fueran eliminados, erradicados completamente, todas las naciones muy pronto gozarían de verdadera paz y concordia ...

O, de los prejuicios sexistas, racistas, homofóbicos, incluso políticos...


Me llamó mucho la atención el siguiente ejemplo que leí en "Algarabía":

Metemos a cinco monos en una jaula, en la que colgamos un plátano y colocamos una escalera. No va a pasar mucho tiempo para que uno de los monos intente subir la escalera en búsqueda de un plátano, pero, en cuanto comience a escalar, bañamos a los demás con agua fría. Poco después, un segundo mono intentará la maniobra y, una vez más, los otros mono serán mojados con agua fría. Muy pronto, cuando un mono intente subir, los demás tratarán de detenerlo, pues con base en sus experiencias, suponen que serán mojados.

Ahora sustituimos un mono de los cinco originales. En cuanto éste vea el plátano, tratará de subir, pero, para su sorpresa y horror, los otros lo atacarán para impedirlo. Después de un segundo intento y embestida, sabrá que lo golpearán si intenta subir por la fruta. Entonces, reemplazamos a otro de los monos, que también tratará de subir por el plátano. Inmediatamente, los otros lo atacarán y lo peor de todo es que en este acto participará el mono golpeado en la ronda anterior sin saber siquiera por qué. Y así seguimos sustituyendo monos hasta que no quede ni uno solo de la ronda original y sin necesidad de rociarlos de agua, su comportamiento será el mismo aunque no entiendan el por qué. De ese modo lo han aprendido y se ha convertido en una norma establecida.

Así inicia un prejuicio. Pre-juzgamos sin analizar, porque eso es lo que se nos ha enseñado. Es una evaluación preconcebida por las personas hacia las personas. Y aunque los prejuicios nos han permitido el desarrollo y ciertamente forman parte de una sociedad, no se debe de usar por conveniencia, para desacreditar, para descartar, o para dominar a otros.

Si de tanto en tanto nos detenemos un poco más a pensar, a reflexionar y analizar acerca de lo que se nos inculcado, sin duda podremos vivir con un poco menos peso que el día anterior y la buena vecindad así como el respeto por el prójimo será mucho más fluido y alivianado...



Sobre la imagen: No sé nada sobre la imagen
la googleé y me gustó.
Si es tuya, reclama tu derecho.

sábado

Frente al espejo...

En este momento estoy mirando mis pies, mis manos, mi ombligo…, todos lo hacemos, todos tenemos esa capacidad. Sin embargo hay partes de nosotros que no hemos visto detenidamente, como es nuestro rostro. Ya sé que lo hacemos todos los días pero no hemos analizado directamente ese gran sello de identidad que nunca lograremos percibir con nuestros propios ojos. Para conocer esas partes ocultas a nuestra mirada necesitamos de un espejo. Del mismo modo, en nuestra personalidad hay partes ocultas a nuestra percepción para las cuales también necesitamos de un espejo, y el único espejo en el que lograremos vernos es en otro, es decir, en otra persona. Cuánto más cerca se está para mirar la imagen reflejada, más clara será la percepción de uno mismo…y el mejor, el más preciso (y el más cruel de los espejos) será la relación de pareja. Yep, así es, la pareja. Ni la familia, ni los mejores amigos…, la pareja.

La pareja es el único vínculo en el que se pueden reflejar nuestros mejores y nuestros peores aspectos. Hoy lo sé. La familia y los amigos, sin duda nos conocerán muy bien, pero es en la pareja en la que descargamos todo lo bueno, todo lo malo, todo lo oscuro, todo lo maravilloso y también todo lo cruel que podemos ser y será esa persona quien lo recibirá y a quien le afectará más que a otra persona. La familia es la familia y siempre nos querrá incondicionalmente, y a los amigos siempre los querremos como amigos, pero, ¿y a la pareja? A la pareja se le quiere incondicionalmente sólo cuando hay amor de verdad, sólo cuando se logra tener un amor maduro, que, se dice fácil, pero es más complejo de lo que se cree. El amor maduro es cuando se logran superar conflictos y las diferencias. Cuando logramos descubrirnos para conocernos, para estar en contacto con lo que le pasa a uno interiormente. Cuando logras superar los enfados y los dolores de relaciones pasadas y no nada más las traes a tu presente, sino logras, con base en esa experiencia cambiar tu futuro. Ése es un amor inteligente. No todas las personas logran luchar en contra de sus propios demonios, y es más, convencerlos para que estén de su lado y sean parte de esa consciencia, y así poder discernir y desechar lo que es paja, lo que no se necesita, lo que no se quiere. El que logra reflejarse y descubrirse en otra persona es muy afortunado, sin duda. Porque es muy común disparar las viejas heridas y volver a lo mismo; lo único que cambia es el interlocutor.

Solemos culpar al otro del fracaso, cuando la realidad es que nunca nos miramos detenidamente frente al espejo…

Es por ello que hoy me considero muy afortunada por haber abierto los ojos y quedar deslumbrada frente a la luz de mi espejo.


Sobre la imagen:
Mujer ante el espejo.
Picasso, 1931.