lunes

No seas prejuicioso...



A veces, actuamos de tal o cual manera movidos por el prejuicio. Si bien, son filtros que están dentro de una sociedad que nos permiten llegar a una conclusión rápidamente y que son aprendidos con base en lo que dicta tu entorno..., muchas veces sin cuestionarnos si son ciertas o no, es lo que hemos adquirido a través de las generaciones...

Los prejuicios son la clave de la discriminación en todos los sentidos

En lo laboral, el prejuicio está hasta en la búsqueda misma del perfil del trabajo a desarrollar. Los más azotados por el prejuicio laboral, tienden a ser los más jóvenes y los más viejos. Si eres muy joven; eres disperso, necesitas tiempo libre, poco comprometido. Eres un excelente candidato para sudar tu juventud, recibir sueldos de miseria y no hay ningún control en la contratación.
Si ya eres más entrado en años y gozas de experiencia, horas de vuelo, callo en tu labor; también vas en la contra porque eres más resabido, tiendes a hacerte apático, puedes enfermar en cualquier momento. Excelente candidato para explotación y sueldo de miseria. El empleado más grande en edad, es mucho más auto suficiente, su capacidad de decisión es mucho más asertiva y el compromiso por el empleo mismo es mucho mayor..., pero ¿Eso qué importa?


Y... ¿Qué hay de los prejuicios religiosos?...
A manera de comentario personal, si éstos fueran eliminados, erradicados completamente, todas las naciones muy pronto gozarían de verdadera paz y concordia ...

O, de los prejuicios sexistas, racistas, homofóbicos, incluso políticos...


Me llamó mucho la atención el siguiente ejemplo que leí en "Algarabía":

Metemos a cinco monos en una jaula, en la que colgamos un plátano y colocamos una escalera. No va a pasar mucho tiempo para que uno de los monos intente subir la escalera en búsqueda de un plátano, pero, en cuanto comience a escalar, bañamos a los demás con agua fría. Poco después, un segundo mono intentará la maniobra y, una vez más, los otros mono serán mojados con agua fría. Muy pronto, cuando un mono intente subir, los demás tratarán de detenerlo, pues con base en sus experiencias, suponen que serán mojados.

Ahora sustituimos un mono de los cinco originales. En cuanto éste vea el plátano, tratará de subir, pero, para su sorpresa y horror, los otros lo atacarán para impedirlo. Después de un segundo intento y embestida, sabrá que lo golpearán si intenta subir por la fruta. Entonces, reemplazamos a otro de los monos, que también tratará de subir por el plátano. Inmediatamente, los otros lo atacarán y lo peor de todo es que en este acto participará el mono golpeado en la ronda anterior sin saber siquiera por qué. Y así seguimos sustituyendo monos hasta que no quede ni uno solo de la ronda original y sin necesidad de rociarlos de agua, su comportamiento será el mismo aunque no entiendan el por qué. De ese modo lo han aprendido y se ha convertido en una norma establecida.

Así inicia un prejuicio. Pre-juzgamos sin analizar, porque eso es lo que se nos ha enseñado. Es una evaluación preconcebida por las personas hacia las personas. Y aunque los prejuicios nos han permitido el desarrollo y ciertamente forman parte de una sociedad, no se debe de usar por conveniencia, para desacreditar, para descartar, o para dominar a otros.

Si de tanto en tanto nos detenemos un poco más a pensar, a reflexionar y analizar acerca de lo que se nos inculcado, sin duda podremos vivir con un poco menos peso que el día anterior y la buena vecindad así como el respeto por el prójimo será mucho más fluido y alivianado...



Sobre la imagen: No sé nada sobre la imagen
la googleé y me gustó.
Si es tuya, reclama tu derecho.

sábado

Después de una noche... o dos


¿Qué sigue después de una noche?

ya sé, ya sé... la mañana, sin duda...

Pero..., ¿Qué sigue después de haberme mirado a fondo y muy detenidamente?

...

...De haber descubierto que llevo arrugas alrededor de los ojos
y unas enormes ojeras de desvelo que ni el más poderoso maquillaje logra cubrir...
Que tengo un par (...er...bueno..., sí, lo acepto... unos tres o cuatro) kilitos de más depositados en mis caderas... y en mi abdomen descubriste un bultito -o mejor dicho "barriga"-.
Que mis dientes no son perfectos, pero, les gusta hacerse presentes en una sonrisa...
Que mi cabello es rebelde y ya no hago intentonas de mantenerlo en su lugar...
Que no soy nadie, y que platico sin parar...
Que mis piernas son algo zambas...
..., y por si fuera poco, que mis debilidades son más fuertes que yo...

... y lo que falta


¿Que sigue?

...

...

..., sólo espero que al abrir realmente los ojos no te asustes:

Caigo...

.......

....

..

.

.

.



¡¡¡¡Pafff!!!!

.

A veces...



A veces duele el pecho...

será acaso...

...


¿Amor?

El edificio de la esquina


¡Cuántos recuerdos en ese portón de la esquina!...

Fue el primero que me vio llegar al barrio pequeña.
Sin decir nada soportó los golpes del balón en la cascarita dominguera.
Me miraba en silencio pasar con mis amigas y hasta me ofreció un escalón para sentarme a platicar…

Fue cómplice de algunos secretos y testigo de charlas importantes hasta altas horas de la noche…

Ahhh… el edificio de la esquina

Día a día me miraba pasar, a veces guapa y perfumada…, otras no tanto…

Las ventanitas de ese edificio, para mi imaginación ojos reveladores me veían caminar del brazo con mis primeros amores y de nuevo -sin pedir permiso- hacía uso del escalón para sentarme a sorber el helado de limón que el enamorado llevaba para mí…

Le vi transformarse también. Le salieron arrugas como a mí. De vez en vez pintan la fachada, como hago yo. Pasó de moda, pero los años lo hicieron lucir radiante y hermoso. No dudo que haya tenido épocas malas, pero ahí sigue, de pie y de una sola pieza..., sin duda buena madera. Sé que tuvo muchos inquilinos queriendo comprarle…, a nadie se vendió…

Y ahí sigue, siendo mi secuaz, mirándome con sus ojos-ventanitas entrecerrados por los años. Continúa viéndome crecer y pasar por sus afueras a diario..., (de la mano con mi nuevo amor). Prosperando. Pasando de moda. Enamorándose. Abriendo sus puertas a quien quiera entrar. Ofreciendo su escalón, con la única condición de ser cuidado y respetado…

Quizá algún día dejará de existir, quizá el nuevo inquilino, celoso de compartir el famoso escalón, le ponga una valla. Todo se transforma, envejece y muere. Pero mientras eso sucede, cada que pase por su portón, un saludo cariñoso, lleno de recuerdos dejaré…

Ahhh…, el edificio de la esquina.


miércoles

Querido viejo

Apenas ayer me sonreías a medias,
apenas fue ayer cuando te temía,
cuando significabas la fuerza en ese momento eterna.
Apenas dijiste un te quiero difuminado


Hoy, la sonrisa es humilde
El corazón reblandecido
Las canas te han vencido
Tu piel ajada de hombre sabio
Se resiste a ser el sufridor

...calla el dolor


El tiempo…, el tiempo es oro. Lo que daría por robarle un poco.


Lo que daría por ganar, y estarme a tiempo, oportuno.
Cada vez que puedo pido perdón
y lo hago con sinceridad…
Nací hijo de firmeza y atisbos
De la calma

Y… ¿Si me acerco a la luz y gritara?

“¡¡Te quiero, ven conmigo!!”

¿Acaso no dejaré de ser el hijo del luchador en las tinieblas?

Camina, caminador...




Si te animas a caminar junto a mí

y me aguantas el paso…,

bienvenido caminante,

tu resistencia me habrá cautivado.



viernes

Enamórate de mí

No lo pienses tanto y enamórate de mí
tengo claro que mi locura te traerá tristezas
pero también te cubrirá de esencias
que tu no conocías
porque la vida las esconde en ese rinconcito
a donde solo los locos llegan.

lunes

Ven


Lo sé, trasciendo sin ti y me quedo sin habla.
Debo dejarte a un ladito.
Seguir junto a ti sin estar.
Cobijarte sin darte aire.
Ser tu esfinge, tu peón.
Seré la figura que entre sombras vela tus sueños.
Seré los brazos que te rodean sin que sientas que te protejo.
Duermo a tu lado sin que notes mi presencia,
te miro y te cuido, te observo y sonrío.


Tus ojos, redondos y pequeños,
se clavan en una especie de intersección en mi deseo.
Tu boca entreabierta, entrecerrada
No ha sentido el beso húmedo que te dejo.


A veces, hay que perder algunas monedas,
un poco de tiempo, unas tardes soleadas…
A veces, nos encontramos un corazón,
un caramelo, un dije, una caída de sol…
A veces, nos encontramos con la saciedad
de comer un chocolate a mordidas…
y encuentras la felicidad
Que no da cabida a los jamases
Ni a los nuncas


Ven, amor, siéntate conmigo a la mesa.
Sube los pies a la silla.
No comeremos ahora, no es necesario.
Vamos a mirarnos
Vamos a gritar
Vamos a cantar
Vamos a contar cuentos del alma…
Platiquemos de ideas que no sé explicar
Tortúrame con tus palabras.


Tu cuerpo se acomoda al mío
Como caracol
Y me dejas escuchar al mar muy dentro de ti
El suave y recio sonido del mar.


Vienes y acaricias mi cara
Para memorizarla…
Vienes y guardas tu distancia
Para reventar como burbuja
Y tus ojos redondos y pequeños
Me miran otra vez
Y los acaricio

Porque ya estás triste otra vez…

sábado

Frente al espejo...

En este momento estoy mirando mis pies, mis manos, mi ombligo…, todos lo hacemos, todos tenemos esa capacidad. Sin embargo hay partes de nosotros que no hemos visto detenidamente, como es nuestro rostro. Ya sé que lo hacemos todos los días pero no hemos analizado directamente ese gran sello de identidad que nunca lograremos percibir con nuestros propios ojos. Para conocer esas partes ocultas a nuestra mirada necesitamos de un espejo. Del mismo modo, en nuestra personalidad hay partes ocultas a nuestra percepción para las cuales también necesitamos de un espejo, y el único espejo en el que lograremos vernos es en otro, es decir, en otra persona. Cuánto más cerca se está para mirar la imagen reflejada, más clara será la percepción de uno mismo…y el mejor, el más preciso (y el más cruel de los espejos) será la relación de pareja. Yep, así es, la pareja. Ni la familia, ni los mejores amigos…, la pareja.

La pareja es el único vínculo en el que se pueden reflejar nuestros mejores y nuestros peores aspectos. Hoy lo sé. La familia y los amigos, sin duda nos conocerán muy bien, pero es en la pareja en la que descargamos todo lo bueno, todo lo malo, todo lo oscuro, todo lo maravilloso y también todo lo cruel que podemos ser y será esa persona quien lo recibirá y a quien le afectará más que a otra persona. La familia es la familia y siempre nos querrá incondicionalmente, y a los amigos siempre los querremos como amigos, pero, ¿y a la pareja? A la pareja se le quiere incondicionalmente sólo cuando hay amor de verdad, sólo cuando se logra tener un amor maduro, que, se dice fácil, pero es más complejo de lo que se cree. El amor maduro es cuando se logran superar conflictos y las diferencias. Cuando logramos descubrirnos para conocernos, para estar en contacto con lo que le pasa a uno interiormente. Cuando logras superar los enfados y los dolores de relaciones pasadas y no nada más las traes a tu presente, sino logras, con base en esa experiencia cambiar tu futuro. Ése es un amor inteligente. No todas las personas logran luchar en contra de sus propios demonios, y es más, convencerlos para que estén de su lado y sean parte de esa consciencia, y así poder discernir y desechar lo que es paja, lo que no se necesita, lo que no se quiere. El que logra reflejarse y descubrirse en otra persona es muy afortunado, sin duda. Porque es muy común disparar las viejas heridas y volver a lo mismo; lo único que cambia es el interlocutor.

Solemos culpar al otro del fracaso, cuando la realidad es que nunca nos miramos detenidamente frente al espejo…

Es por ello que hoy me considero muy afortunada por haber abierto los ojos y quedar deslumbrada frente a la luz de mi espejo.


Sobre la imagen:
Mujer ante el espejo.
Picasso, 1931.


sábado

--Pinches hormonas--

Sííí…

De pronto las pinches hormonas se apoderan de mí y hacen de las suyas…

Ya estoy convencida que el término bipolaridad” surgió del cuadro agudo de angustia de una mujer hormonal próxima a estar en sus días…, que ciertamente, desemboca en un trastorno de las emociones.

Brincas de la euforia a la depresión, de la depresión a la falta de placer; de la falta de sueño, como a dormir demasiado; de sentirte importante, a los sentimientos de minusvalía…

Ahhh, me limito a decir… “Pinches hormonas”…, Me entienden, ¿Verdad, chicas?

No se preocupen, soy inofensiva (creo)…

Asté disculpe…

Muñeca rota.

Muñequita rota, de ojitos tristes, cabello alborotado y manitas maltratadas…

¿Qué te ha pasado? ¿Dónde quedó tu sonrisa y tu calor?


Te escondes en el fondo del armario para que nadie note tu presencia, aunque tu presencia es la esencia de pupilas ajenas. Te escondes en tu soledad y en tu llanto para querer volver estar a solas y llorar hasta secarte.


Muñequita rota. Sal a la luz. No tengas miedo, el roba-muñecas se ha ido, y no todo es una mentira. Muñequita rota. Déjate ser reparada; permite que se te acerquen. No tengas temor, no es para dañarte, sino para remendarte.

Muñequita rota, de cara de luna, ojos claros y zapatitos rotos…
Mirada profunda, casi perdida; ves pasar la vida desde el rincón, esperando, esperando, esperando…

Muñequita rota, con sueños de trapo, porcelana o plástico, de vestido raído de princesa, inmortal, encadenada al circo de la sociedad y de ilusión maquillada.

Muñequita rota. De largo camino recorrido, no todo está perdido…, aún hay mucho por andar…

jueves

Qué chafa...


Mi boca sólo se limita a articular un par de palabras… TE AMO

Mi cabeza sólo puede pensarte.
En colaboración con mis ojos, hacen que las imágenes se conviertan en algo parecido a los sueños.

Mis manos sólo pueden dibujar el camino de tu piel; inicia con las texturas de tu rostro y los sutiles araños que a mis dedos les da tu mentón.

A mis pies los debo detener, para que no salgan corriendo a alcanzarte.

Mi mente lo controla todo, sí.

Pero a mi boca, a mi cabeza llena de imágenes, a mis manos, a mis pies…, esta mente incompetente no ha sabido controlarlos…

domingo

¿Hombres..., perfectos?


Esta pregunta me la hizo una amiga en una de esas charlas que solemos tener las mujeres.

Ella; -y aclaro que fue a manera de broma-, alegaba que, el hombre perfecto debe ser apuesto, rico, complaciente, comprensivo, que a todo nos diga que sí, amante de su hogar –pero que salga a trabajar-, jovial e ingenioso, que le gusten tus amigos y que se lleve bien con ellos, que no le encante el sexo, pero que sepa satisfacer todos los anhelos de su mujer, que tenga personalidad y se preocupe de su físico, Que se pueda hablar con él sin tapujos ni coacciones de tipo moral ni religioso. Moreno de preferencia y ojos claros. Estatura de 1.80. Que quiera hijos- no más de dos- Que comparta ciertas aficiones, que le guste salir y bailar. Que sea divertido y que le guste viajar a las islas Fiji de vez en vez…

Wooow…, ¿Será posible? ¡AAAAAhh! y olvidé mencionar: que le encante su chica tal y como es y no tenga más ojos para otras mujeres más que para ella. (Sííí, con todo y los gorditos que rodean su cintura y sus pechos pequeñitos…)

Ése es el hombre perfecto…, al menos para ella.

Yo, como soy una persona que lleva su vida por y para el amor, (otra vez con mis cursilerías) creo que mi hombre perfecto es aquel que comparta esa capacidad de analizar a las personas con sólo mirarles a los ojos. Mi hombre perfecto es aquel quien no recarga la felicidad en posesiones materiales, sino en la cantidad de respeto y amor que se logra acumular. Para mí el hombre perfecto es aquel que funciona como mi cómplice; aquel que se acopla a mí en el juego de la inteligencia. Aquel que logra captar, mediante la más profunda atención mis movimientos que van desde mirar mi celular para revisar la hora, o la manera en la que me agacho para ajustar la correa de un zapato. El hombre perfecto es quien te logra descomponer en átomos y te regresa a tu estado natural. Es quien te desmonta y te vuelve a montar pero ya convertida en mujer. El hombre perfecto es impredecible pero adaptable. Lucha por los derechos de propios y extraños, pero siempre cobijado por la bandera del respeto. Para mí el hombre perfecto debe ser romántico y soñador; aunque la palabra está prostituida, trillada y el común de las personas no saben realmente lo que eso significa.

Buuuu

Por lo pronto, sé que el hombre perfecto no existe. A medida que nos vamos conociendo a nosotros mismos y conforme estemos claros de qué es lo que se quiere; con un golpe de suerte, por ahí afuera anda rondando y esperando tu “hombre medio perfecto”

…, ¿No crees??.


miércoles

Que alguien les diga...

Alguien que les diga que no dejo de añorar, que la nostalgia y la melancolía son cómplices y me juegan malas pasadas.

Alguien que les diga que por las mañanas llego a espiar, a seguir sus pasos con mesura.

Alguien que les diga que me paseo afuera de su casa, miro a su ventana, por largo rato..., casi a escondidas, pasando inadvertida.

Alguien que les diga que su risa es mi recuerdo, parte de mi alimento.

Alguien que les diga que extraño ser a quién interceptan, para jugar o para charlar, quizá para confesar.

Alguien que les diga que la lejanía azota y que invade mis angustias.

Alguien que les diga que lo siento, que no ha sido mi intención.

Alguien que me preste su identidad para poder no ser yo y así lograr acercarme más.

Alguien que les diga que estoy incompleta, rota…, pero en construcción.

Alguien que les diga que levanten el teléfono, para escuchar una respiración, un saludo, un “hola”, cuando menos.

Alguien que les diga que en mi pecho nacen suspiros que me hacen calmarme, para no morir de a poco.

Alguien que les diga que en mi mente atesoro los recuerdos y los recreo como historias magníficas, únicas y fantásticas.

Alguien que les diga que por las noches, mientras mis ojos se cierran; son la última imagen que mi memoria repasa.

Alguien que les diga que miles de “te quiero” he lanzado al viento, -con la aislada-, con la leve esperanza de que sea el viento, el portador de mis mensajes.

Alguien que les diga que desde mi trinchera les escribo, palabras, palabras y más palabras…,

que para el mundo, éso son… tan solo palabras, pero para mí, son el cauce del dolor; el alivio y el consuelo de su amor .


lunes

Si te dijera...

Si tan solo te dijera
que son mis ojos los que no te miran
sino mis sentidos que interpretan en metáfora tu presencia.

Si tan solo te dijera
que el momento de la espera
en eternidad se dilata.
Que la ausencia desespera y la tentación me altera.

Si tan solo te dijera
Que bajo el picoteo de la lluvia de abril,
que no moja, ni humedece
pero a mi piel rejuvenece…

Si tan solo te dijera
Que he vuelto a mi más tierna juventud
hasta el útero materno,
acordonada en paz
porque al cerrar los ojos desfila la verdad.

Y si te dijera,
que con el paseo de las cuatro de la tarde
sentados en un punto de esta jungla de concreto
entre autos y personas sin rostro,
las horas dejan de ser horas
para convertirse en momentos,
que dejan de ser minutos
para ser instantes
y los segundos en chasquidos.
Y si tomamos estos trances
y si los fundimos en mi bolso que hace magia
encontramos que no son días, horas, segundos
o momentos, trances, ni chasquidos…

Si tan solo te dijera
Que el tiempo no es tiempo
Que mi inconsciencia no tiene tiempo

Que son eterlunas nuestras eras,
Que son eterlunas nuestros espacios.
Que son eterlunas nuestros días

..., y en eterlunas relatadas
las memorias de dos vidas…


¿Cómo llegaste?


¿Cómo habrá llegado a mí tu rostro?
Tú escoge:
lleno de flores, de fragancias,
de sabores...

¿Cómo llegaste a mí?
Si tu retrato sólo abarcaba hasta tus hombros...
Si tus ojos me veían a medias
Si tus manos jamás me saludaron...

Quizá todo afloró
flotando por los aires
como el virus que busca un cuerpo
alguien desprevenido
alguien con la guardia baja...

Tus pupilas raptaron a las mías
Tus manos se enlazaron con mis manos
y me llevaste de paseo,
a dar la vuelta en círculos
con tus pupilas fijas en las mías
y mis manos engranadas en las tuyas

En el mareo del vuelo emprendido
con la velocidad y su inercia
ni tus manos, ni las mías
se quieren ya soltar...

El caso es que llegó a mí tu rostro
lleno de finezas
de semejantes sutilezas
con palabras las defino

y en amor quizá, el más divino...

Sueño con olor a pesadilla...


Después de quedarme profúndamente dormida, tuve un sueño muy claro. Yo sabía que era un sueño y ello me tranquilizaba un poco. Mis sueños pueden ser tan reales que al despertar me cuesta trabajo distinguir entre lo que realmente ocurrió y qué fue producto de mi imaginación. Además de que tengo una exquisita facultad para escuchar voces, incluso estando despierta, pellizcando a mi brazo y contemplando fijamente mis manos.

Me miro de pronto tendida en mi cama, inmóvil, lánguida, en desmayo. El color de mis mejillas es casi el mismo de mis labios, un rosa pálido con destellos luminosos. Mi cabello, es como si pareciera que alguien se ha tomado el tiempo de cepillarlo y peinarlo por largas horas -lo noto por el brillo que no le caracteriza regularmente- y hasta peinetas de carey lo sostienen en su lugar. Las pestañas las puedo distinguir rizadas y con un poco de máscara. Nunca he sido de mucho maquillaje, pero al parecer; justo en el momento en el que caí en sueño profundo, era una ocasión especial. Lo adivino por el cuidado en los detalles. Llevo en mi rostro una sonrisa a medio dibujar, y no logro distinguir la expresión de mi semblante, pero se nota mayormente en serenidad, en paz, duermo con placidez, y noto quietud en mi cuerpo. Curiosamente el vestido que porto elegantemente nunca lo he visto, ni recuerdo haberlo comprado, pero luce radiante y ajusta bien mis pechos, define mi cintura y mis caderas esculturalmente. No puedo distinguir mis pies, están cubiertos por algo que quizá es una frazada, alcanzo a tocarlos, tengo los pies helados. No le tomo importancia. Mis manos, descansan muy sutilmente sobre mi abdomen, a la altura del ombligo, con los dedos entrelazados, como si me dispusiera a lanzar una oración.

El ambiente que rodea mi sueño crea una atmósfera en tonos cromo, grisáseos, como tomados en el momento justo del amanecer o al anochecer, cuándo los colores se camuflajean un poco y es difícil distinguirlos. La imagen es acuosa y turbia. Siento estar rodeada de mucha gente pero nadie asoma su presencia así como nadie advierte la mía. Volteo a mi alrededor y se revelan flores, muchas flores blancas pero los aromas que percibo no son de flor, mi entorno huele, y no sé por qué, pero hasta tiene sabor a naftalina.

Un sudor frío me toma por asalto, haciendo que se me congele la sangre, cuando reacciono, ante la imagen de mi misma en posición horizontal, inerte, inmóvil, petrificada; me doy cuenta de que estoy presente en mi funeral, rodeada de personas sin ver a nadie, con un rostro amable y complaciente, con manos dispuestas a orar, y rodeada de flores. En el momento en el que me reflejo en algo parecido a un espejo, caigo en la cuenta de que porto las mismas galas y mis labios sonríen con el mismo tono rosado, la peineta de color pardo levanta la mitad de mi cabello ondulante enmarcando dulcemente mis ojos y mejillas...

Con un sobresalto despierto tratando de distinguir la realidad del sueño. Cuanto más lo pienso menos lo entiendo. En el sueño, extrañamente nunca siento miedo. El miedo viene con la razón, porque temo que al dormir..., ya no vuelva a despertar.

Aunque no creas...

Siento mucho encontrarte como te encontré...

Chapoteando.

Fingiendo que no pasa nada, cuando pasa todo.

Cuando te sientes solo y descuidado.

Cuando olvidaste decir “te amo”, o simplemente no sabes como decirlo sin hacerlo sonar turbio.

Siento haberte encontrado muerto de frío y temblando, en la oscuridad de la calle desierta, bajo un cielo gris

Siento haberte encontrado acostumbrado a la soledad y a imaginar el amor, sin traducirlo en AMOR.

Me duele en el alma encontrarte con las alas rotas y seguir en el intento de volar a sabiendas de no poderlo lograr.

Siento haberte encontrado asfixiado, queriendo jalar una bocanada de oxígeno y teniendo de conformarte con el aire viciado de tu ciudad.

Siento el encontrarte en soledad, lanzando destellos apenas perceptibles gracias al hacedor de luz cansado que hay en tu interior.

Pero, siento felicidad de caminar a tu lado, siempre a tu lado

Paladeando sinsabores del pasado…

Engullendo los sabores del presente…

Preparando los platillos del futuro…

domingo

sOlEdAdEs E iNcOnGrUeNcIaS...



EN ocasiones ya sumergida en soledad, soledad misma que atesoro, me sorprendo hablando y tejiendo conversaciones para mí, muchas de ellas con base en realidades, muchas de ellas con base en sueños oníricos o en situaciones que me gustaría que sucedieran. Mis conversaciones imaginarias inician en mi mente y poco a poco van tomando la confianza de mi ser hasta que las voy traduciendo en palabras que salen con voz propia y movimientos teatrales dignos de cualquier espacio público.

Me descubro y me incorporo. Atesoro el estar a solas, el leer en voz alta, el soñar despierta, el parafrasear a Capote o a Whitman, el estar en una esquina sintiendo el viento dominical, vivir dentro, mirar personas y tejer historias. Meterme en la vida de los personajes que me rodean y descubrir que están contagiados de una locura peor que la mía, vandálica, ruinosa, aniquiladora. La mía es aceptada, admitida y consumada, -por ende- no destructiva, inofensiva. Porque mi locura es mía, y la asumo, pero mis vecinos no locos jactanciosos de su objetividad, poseen más locura de la que dicen no portar…, todos unos profesionales en el arte de la destrucción, capaces de fulminarte con la más leve insinuación. Lobos feroces, disfrazados de corderos...

Desde niña escribo…, pero siempre lo había hecho para mí. Por vacilación siempre terminaba rompiendo los escritos o acostumbraba dejarlos encerrados en el fondo del cajón más secreto, para que nadie los encontrase y los leyese; y descubrieran la ensoñación en la que me encontraba y me criticasen. No lo podía soportar...

Al paso del tiempo, el gozo, el placer de mi encuentro con las letras, se opacó con la vorágine de mi vida. Me enrolé tempranamente en un mundo que no era el mío. No por ello me arrepiento. Ni mucho menos echo culpas; por el contrario la única infracción siempre la he cometido yo, por mi falta de compromiso, de sensatez, de conocimiento y de curiosidad. Descubrí y me descubrieron. Sin trabajo alguno, mi vida se tapizó de regalos, de viajes, complacencias…, de artículos que sustituían a mis más ocurrentes ideas. A medida de obtener más objetos, más vacía me encontraba. No leía, y si lo hacía, era en momentos de fragilidad, de lucidez…, de llanto y soledad.

Hoy, he descubierto que me le he arrojado a la locura, a las demencias, a la paranoia y a la insensatez, y perfectamente sé que, con el tiempo me cobrará la factura, y al ser pobre en múltiples aspectos, no me quedará más remedio que firmar el pacto de vida a cambio de seguir con esa enajenación, con la barbarie y el disparate de ir en pos de mis pensamientos y posturas; pero que llenarán de calma a mi cuerpo físico.

Me apresto a seguir siendo demente, desequilibrada crónica, lunática sin remedio, chiflada, atolondrada, tonta para muchos tontos, pero singular para unos cuantos receptivos inteligentes que como yo, están a destiempo y fuera de esta amorcillada y corrompida realidad…