A veces, si tenemos flores en el jardín, ¿por qué no las regamos? ¿por qué no les cantamos? ¿por qué nos privamos su dulce aroma?
Y esque sí, han venido a verme las lágrimas que se resistían a fluir…, otra vez.
A veces, si tenemos flores en el jardín, ¿por qué no las regamos? ¿por qué no les cantamos? ¿por qué nos privamos su dulce aroma?
Y esque sí, han venido a verme las lágrimas que se resistían a fluir…, otra vez.
Es con los primeros sorbos de café que la cordura y la realidad se manifiestan; me emociona que se puedan presentar (no siempre a tiempo, son las 7:20). Esta bebida caliente nos recuerda al cuerpo y las decisiones que es tan preciso apresar; los pies se echan por fin a andar y, con la máquina ya encendida, los neurotrasmisores se ponen a trabajar. El sueño ya terminó y los cuentos ceden ante la realidad. Los ojos que miraban hacia dentro, se voltean y miran alrededor. Su efecto dura lo suficiente, para decirnos con qué pie vamos a iniciar el día…
Congelaré tu mirada,
me la guardaré, la retrataré, la analizaré muy lentamente, la colocaré encima de mi almohada, dormiré en ella, la vaciaré en mi bolso y la llevaré a todas partes; trataré de entender en ella tu alma, tus deseos, tus pasiones, tus tristezas, tus indicios, palpitaciones, cambios, tus mentiras, verdades, improperios, descomposiciones, automutilaciones, contradicciones, reinos, reinas, duendes, amores, sapos, pesadillas, maravillas, decepciones, manías, recuerdos, torturas, preocupaciones, rutinas, reacciones, obsesiones y obscenidades, repeticiones, quebrantos, memorias, matices, artes, coincidencias, compulsiones, rencores, ruinas, creaciones, visitas, letras, visiones…
Hoy-ayer fue una de ellas... el sol vino a verme, me despertó y me acunó durante todo el día. Me sorprendí primero cantando; mi voz era terrible, y varias horas más tarde..., seguía cantando a voz en grito en inmejorable compañía. Canciones & R.E.M. en vivo es una gran combinación pendiente de patentar. (Aunque el güero de adelante no me dejaba ver nada)
Guardo el momento, sé que me hará falta...
(Muchas gracias por la invitación)
Ahora, quiero unos calcetines viejos que no se me salgan por las noches, necesito tiempo para rascarme la panza hasta sacarme ronchas, quiero trabajar solamente hum… unas… seis horas al día como tope. Quiero leche entera sin que mi barriga manifieste su intolerancia, deseo morderme las uñas sin remordimiento, quiero comer pastelitos y dulces y chocolates sin engordar. Quiero que mi boca no se canse de besar, mis pies de zapatear y mis ojos de mirarte. Quiero tener creatividad para escribir, quiero leer, quiero caminar hasta que mis pies no puedan más; quiero beber cerveza en una tarde de domingo, quiero alguien a quien llamar cuando me siento enferma, deseo que mi cuerpo no deje de acariciar emociones, que mis ojos no dejen de llorar, mi corazón de amar y mis labios de sonreír … quiero que este día no se acabe nunca...
Aladino...¿DÓNDE ESTÁAAAAAS? (creo que mi lámpara se fundió)
Cuéntanos... ¿Tú, que quieres?
¿Por qué tengo tantas ganas de llorar?
Tengo tantas ganas de llorar, que busco cualquier pretexto para hacerlo. Llorar, es dejar salir a los demonios que se enconan en el alma, y se la devoran de a poco. No es malo, es sano liberarlos de vez en vez y a todo pulmón.
Mientras tanto, ¡Ya sé! Me voy a comprar algún libro de autoayuda, de esos que se venden a granel. El otro día vi uno, se llamaba: “Cómo ser feliz” (¡¿cómo?!), era pequeñito y solo costaba cuarenta pesos. Regresaré a ver si aún está en venta ese, o algún otro como: “Soluciones simples a la preocupación”, o bien, "¿Por qué los hombres aman a las ca...nijas?" o, “Dieta milagrosa: baje kilos sin dejar de comer”. Seguro, con eso arreglaré mi vida, y llenaré el camino que pisan mis pies con piedritas de dulces de colores, y chocolates, y bombones de sabores; y quizá, sólo quizá, así se me quiten las ganas de llorar…
Hoy estamos donde
no eres tú, ni soy yo,
sino SOMOS,
atrapada
y nuestro olor, sabor,
las temperaturas se homologan,
y nuestras pieles echan chispas.
Un enredijo de pies,
y manos y ombligos,
nuestra estructura se complementa,
y palpitamos,
nos miramos
y bailamos a un ritmo
y nos abrazamos a la vez.
Ahí, es donde no hay tiempo,
espacio,
palabras,
frases,
solo ese perfil perfecto que nos conforma.
Camino y camino por las calles de la Zona Rosa. Sin cuerpo, miro las hojitas en el piso, regadas por todos lados, cafés y marchitas. La acera está llena de hoyos (todos hemos visto esas cosas, ya lo sé). Frente a mí, construcciones híbridas entre las grandes casas estilo francés de principios de siglo XIX, convertidas en bodegones mal pintados con colores horrorosos, y la mancha plana de concreto actual. El olor es acre, me pica la nariz, los autos pasan a mi lado, soplando vahos grises y malolientes. Sé que no es novedad describir estas sensaciones, pues todos alguna vez hemos caminado por calles, siendo nada, revueltos con el paisaje, inadvertidos por nosotros mismos, liberados de los pensamientos repetidos y repetidos como clavos en banco. Qué ganas de retroceder el tiempo hacia los años sesenta, cuando abundaban las librerías, las galerías de arte y no era raro encontrarse a Pita Amor declamando (o reclamando, je je) en plena calle. Miro discretamente los establecimientos, para ver donde se me antoja pedir un café, y sentarme un rato a seguir bobeando. Uno no porque es muy familiar, y no quiero a nadie cerca, otro tampoco porque está muy desangelado, y el otro tampoco porque se ve muy gringo. Me topo con una crepería, con un establecimiento de donas, con un restaurante chino (o ¿será coreano o japonés?) no le presto atención. Un aparador de Zara, atractivo, con modelos talla cero. Me siento estratégicamente para poder mirar a la gente pasar, en lugar de ello, miro mis manos y mis dedos, y uso la voz para pedir una taza, quizá dos, luego ¿volveré a ser la misma martillada por las nostalgias? Mejor sigo caminando, viendo los puestos con dulces y papitas, los niños sucios sentados en las paredes, el "viene-viene" me regala una sonrisa, la cual regreso amablemente, las construcciones a medio terminar, mis zapatos gastados.
Tengo tantas maneras de decirte que te quiero, que no quiero que sepas en realidad cuánto te quiero, porque no quiero que quieras que te deje de querer por saturarte de tantos te quiero que quiero que quieras como quiero egoístamente que me quieras y si tan sólo tú quieres quererme, quiero que me quieras como quieras tú quererme o quiero que me quieras como tú dices quererme que no es lo mismo decir que querer… querer que lo quieran a uno es quererse a sí mismo con un querer que no quieres que te quieran… todo ésto lo digo: sin querer, pero queriendo muuuucho...
Y, sentada en la orilla de mi cama
de espaldas a la ventana que da a la nada
un vecino asomará la vista
y la mía al Universo
al Universo de tus ojos,
al uni-verso (así es mejor)
de tu piel
y de tus pasos.
un chocolate “inencontrable” en la despensa,
a la orilla de mi cama,
en mi playa en invierno
con un día por comenzar y una noche por soñar
una carta por escribir
un poema sin firmar
el chocolate por morder
y dos te quiero frente a mi taza de café
y tres, y cuatro.
Sin azúcar es mejor…
solitaria
con un amor aislado de papel
un uni-verso en tinta azul
una playa en invierno.
Y te amo,
sentada a la orilla de mi cama
se me hace tarde
que ya son las seis con dos…
y ya es la hora del café.
-Pídele a Diosito (que es tan bueno), ésto y aquello-.
-Ay Diosito, ayúdame-.
-Diosito: gracias por el pan que me llevo a la boca-.
La cosa fue catastrófica, mientras más me decían quién era DIOSITO, menos lo quería conocer, mi DIOSITO terminó siendo dios, a secas. Nunca pude verle un rostro. En cambio, al que también le rezábamos, era a un pobre hombre que sangraba de manos y pies, y tenía una corona de espinas en la cabeza, que, por la expresión de su cara, parecía que le dolía mucho; yo esquivaba la mirada, me daba miedo, me ponía muuuuy triste… nada que ver con mi Diosito…
Mi di osito, a quien además, me acostumbré a decirle: "Señor, tú que estás en los cielos..."; era algo como ésto:
Bueno, más o menos; fue lo más parecido que encontré (en google). En realidad mi Diosito era un graaaaan oso de peluche con cara de bueno, iluminado por el sol, que se asomaba por entre las montañas, cada que yo le rezaba...
pero como todos, crecí.

A veces, tratando de encontrar algo, que no siempre significa que exista, le hacemos demasiado caso a la lógica que, en ciertas ocasiones está llena de malos pensamientos y nuestro “sentido común” nos juega malas pasadas, que nos hacen aferrarnos a NADA.
Para ti, Paul C.
Pues resulta que estoy muy molesta con mi mala memoria. Los días 28 de cada mes, son (¿eran?) importantes para mí; un 28 es día de San Juditas, un 28 me separé, un 28 hubo un tráfico del mal, un 28… (suspiro…) pero, TODO SE ME OLVIDÓ (sólo me acordé del tráfico del mal). Además, si sumas 2 + 8 es igual a 10, que es igual al número de seguidores que me siguen. (pongan cara de asombro).
A TODO y TODOS los que forman parte de esta bitácora en línea que es parte de mí desde hace UN AÑO (cuatro días) ¡¡¡MIL GRACIAS!!! Acá seguiremos hasta que no sigamos.
(Aquí, deberían entrar los aplausos).
Bueno, si no quieren pus NO y ya… nadie los obliga…
Pero…
Hace algunos días, mientras miraba detenidamente mi abdomen, con las marcas propias de la maternidad; me detuve a pensar en mi ombligo. Pensé en esa conexión tan importante tanto con el ser que te dio vida a ti, como con los seres a los que les has regalado vida.
Yo era sabia o una sabelotodo -como siempre me decía-, porque respondía a todos sus “por qués”.
Aquí, espero.
Tratando de dibujar el brillo de tus ojos
la mirada perfecta
del amante
del silencio
del testigo del reflejo de mi alma.
hablándote en voz alta
buscándote en un sueño
recreando el candor de tu abrazo.
Imaginando sombras
que asemejen tu silueta,
cómplices
entre espíritus adormecidos.
las que me hacen volar hasta alcanzarte
y me convierto en ave silenciosa
que espera la luz del día
y, a las once en punto,
impaciente sentir tu amor
que me mantiene viva.
Qué desastre hay debajo de mis ojos
de momento se humedecen
entre un te amo reprimido
y el enorme silencio
por debajo de la piel.
Como amo las distancias entre tus ojos
cada pliegue en tu piel,
como amaría tu desamor…
de dos palabras que no sabes juntar.
Amo cada letra ilegible,
cada carta
jamás escrita para mí.
Cada risa y cada diente
cada átomo de tu ser.
con mis manos
con mis uñas
con mis muslos
y mis dedos.
cada beso invisible
cada palabra no dicha
cada frase incompleta...
Gracias de nuevo
por recordarme
que soy un bicho raro
Que dice todavía: Te amo