martes

Pies desnudos

Agua fría, pies desnudos

Tierra mojada,
bajo mis dedos crispados.

Luz de día que agoniza,
sobre el agua caprichosa.


Pies desnudos, agua tibia.

Ojos que danzan a ritmo
de sonidos que pisan el caudal.

Sangre que corre
hacia el olvido.

Un cuerpo que brilla

y detrás de todo



siempre
...siempre tú.

domingo

Silencio



Hace unos momentos leía en el blog de Magda Díaz ,su apunte más reciente que tituló: “Renunciar a escribir”. Me pareció de lo más acertado. En él, hace un análisis muy personal de las posibles razones por las que un autor toma la decisión de apagar su voz. (Yo creo que la voz no se silencia por completo; sino que deja de ser compartida).

Cita a Juan Rulfo –entre otros-, quien dice que cada que le hacían la pregunta en relación a sus ausencias escriturales, él contestaba: “Pues porque se murió mi tío Celerino, que era el que me contaba las historias”.

Me encantó esa respuesta.

Pretexto o no, creo que, una pérdida cercana sí hace mella en lo que quieres contar y cómo lo quieres contar. Y viene la ausencia, la apatía, la inseguridad, la necesidad de consuelo. Es una especie de costra que tu cerebro fabrica para trabajar el dolor. Hace poco menos de un mes, mi compañera de casa, mi mejor amiga, la bebedora de café, la maestra Maricarmen del Anglo, la eterna enamorada de Jim Morrison, la fumadora empedernida, la estudiosa, la aprendiz de acuarela y por cierto mi mamá: murió.

Su ausencia me ha dejado un enorme hueco y profunda tristeza. Ello ha hecho que mientras me reconcilio con la vida, haya dejado a un lado el compartir mis textitos. Debo confesar que he escrito más que nunca. Historias cortitas y sólo para mí. Le escribo de manera muy íntima a mis amores. A los que están a mi lado y a los que ya no están. El tono de la mayoría de ellas es melancólico y quizá con toquecitos de desesperanza:

Debo marcharme ya. Ponerme en el camino, y luego, si por casualidad, encuentro una puerta, me aventuraré a mirar. Si ésta se abre, pues tanto mejor. Sé que no hay nada que me diga que debo abrir esa puerta, pero la abriré de todos modos. Si me animo, entraré en una habitación vacía y quizá descubra que es ahí adónde pertenezco; habré encontrado mi sitio. Si no, será otra puerta que se abre y se cierra en el camino. De esas puertas que abres y cruzas el umbral y descubres que no hay habitación, que no hay nada ahí que te invite a pertenecer. Descubres que lo que hay delante de tus ojos, es más camino que se extiende ante ti. Si ello sucede, me ajustaré los zapatos y jalaré un poco más de aire, para seguir andando, poniendo un pie delante de otro…

Continuando mi camino,
Encontrando muros sin puerta,
Hoyos en el suelo
O huecos en el cielo
…”


Escribir es un ejercicio hermoso. Yo envidio sincera y sanamente al escritor, al narrador, novelista, al ensayista, al cuenta historias, al creador de ideas, al poeta; al que rescata del fango el sentimiento y lo lleva a la palabra.

Es un placer grande, oírse decir las palabras que salen de tus labios, para después tomar un papel y ponerlas en letras; ya hacia el final, leer los sonidos que salieron de tu boca... aunque a veces, no te guste nada (o nadie lo comprenda) y decidas guardarlo en el fondo de un cajón… qué le vamos a hacer.


miércoles

De vuelta

El auto de lujo da de trompicones delante de mí, con la señora que, perdiendo totalmente el control, se asegura de que nuestras miradas choquen, con el único fin de hacerme señas obscenas con sus dedos perfectamente manicurados. La chica de la tele chapotea como rana en su propio lodazal con blanca sonrisa y frases memorizadas al dedal. El conserje atento a las cinco de la mañana para abrirle la puerta al camión de la basura. Mi compañera de trabajo, juguetea con sus zapatos y se toca los pies debajo de su escritorio. El pretendiente que pretende pretenderme invitándome a comer, haciéndose el aparecido a la hora de salir de la labor. El loco que escribe fantasías incoherentes que habitan sólo en su cabeza. Los ojos de las ventanas que me miran llegar a casa. Detrás de ellas, la gente se reúne a cenar, se preparan para dormir y soñar. Para la mayoría de ellos esta noche es una noche parecida a la de ayer, y la de ayer a la de la noche anterior. Vidas cerradas y circulares con hábitos y rutinas casi predecibles. Y en ese mundo estoy yo, protegida por una burbuja invisible y todo lo miro desde ahí. Mis ojos no me pertenecen. Al despertar me coloco un visor que me desprende de mí, perfectamente receptiva a lo que sucede a mi alrededor, pero nada puede tocarme. De vacaciones en otra dimensión. Sin embargo sigo sintiendo, sigo amando, riendo, cantando, mis uñas las sigo mordiendo, sigo atenta al vecino, a la chica de la tele, al conserje, a los zapatos de mi compañera de trabajo, al loco… pero con un yo que ha cambiado.

domingo

“La vida es temporal, el estudio es para siempre.

Gracias Señor, por el estudio…”


(Maricarmen González 1953-2009)

Mi McBlog

Y para "celebrar" mi post número 200 va una reflexión Mariamarguetas:

Yo soy María y tengo un McBlog...

Verán porqué:

Cito ahora a Donald Hall, poeta inventor del término McPoema a mediados de los años ochenta: 

[las características de los McPoemas son] ...ser frecuentemente legibles, encantadores, graciosos, conmovedores, algunas veces incluso inteligentes. Usualmente son breves, se parecen unos a otros, y no hacen grandes afirmaciones sino que conectan unas pequeñas cosas con otras pequeñas cosas” (citado en Opposing Poetries, de Hank Lazer, Northwestern University Press, Illinois, 1996, p. 21.)

Por-lo-tanto, según lo afirmado por Donald Hall, no me queda más que concluir: 
 
Mi McBlog, está repleto de McPoemas: McBreves, McLegibles, McEncantadores, McConmovedores, y a veces pueden ser hasta McInteligentes. McGraciosos no, porque mi sentido del humor es muy bobo. Otras, querido lector, con lágrimas en los ojos lo único que le puedo ofrecer es una triste y pobre McCajita Feliz (con todo y su McObsequio dentro).

...Y yo que tanto detesto las McHamburguesas. 

Demonios. Ya me deprimí.


jueves

El hombre que robaba sombras

Ella creció entre sueños e historias fantásticas. Vivía bajo el escudo de las sombras, su dios era el Sol y el viento, su confidente.

Su sombra la protegía cuando el Sol enfurecía y, si la lluvia nacía dentro de sus ojos, el cielo, -su aliado-, hacía inundar el llano que en su corazón despertaba… si ella gritaba, el viento recogía su ira y se la llevaba quien sabe a donde.

El tiempo pasó, y aquella niña se volvió mujer. Miles de historias habitaban en su cabeza, pero eran sólo de ella. No sabía compartirlas. Aparecían de noche, como los objetos que toman vida cuando nadie está despierto.

Una noche, conoció a un hombre fantástico que vendía sueños. Era perfecto, a la medida, la pieza que le faltaba. Al hombre aquel, lo plantaba, lo cuidaba, y de él salían caramelos de colores. Un día, le regaló uno y lo guardó celosamente bajo su mirada. Ella, cada que cerraba los ojos, la dulzura impregnaba su boca y la sonrisa se hacía presente.

Muchos momentos como éste los rodearon; ella perdió la cuenta, él quizá el asombro. Todo cambió y los sueños fueron sustituidos por sentimientos. Toda clase de sentimientos, toda clase de emociones. Justamente, en alguno de esos días, llovía incesantemente, el cielo se estremecía y golpeaba con sus gotas la ciudad. Ella estaba empapada, y él también. Llovía por todos lados; en la tierra que pisaban, en sus cuerpos, había gotas dentro de su alma. Un relámpago cayó muy cerquita, e iluminó todo y él pudo ver a la sombra que la acompañaba. Por no decir a la sombra que a ella protegía.

Desde aquel día, cada caricia, cada palabra, cada mirada, cada beso, cada detalle, cada acto, eran un guiño a los sueños y a los sentimientos escondidos de la mujer. Poco a poco fueron caminando juntos, sorteando toda clase de emociones, cuando, una noche cualquiera, perdidos entre la gente, él le dijo: Robaré tus sombras…
.

.

.

Ella, sonrió…

lunes

Parece, pero no es queja

A veces, odio la realidad…, quisiera que no fuera así. Las personas no van por la vida expresándose abiertamente. Para empezar, necesitamos cubrirnos con harapos; trozos de tela mal cortados que "tapen" nuestras partes nobles para poder presentarnos en público.

El que me diga que va de sincero por ahí, que mejor se guarde tanta palabrería, pues no le creo naditaa.

Hay que lavarse la carita, el diente, (como Pinpón), desenredarse el pelo y, si nos dan tirones, no llorar, o no sé qué… Usar ropa que te cubra, poner buena cara, no decir malas palabras, mentir, cooperar en planes generales, pagar tus deudas: la renta, el teléfono y la luz…, saludar al vecino, mantener un blog. Si eres hombre, te rasuras; si eres mujer (a veces), hasta te maquillas; usas desodorante y de vez en vez mojas tu cuerpo con jabón (otra vez Pinpón)…

No es posible ir por la vida oliendo como te da la gana, o con ropa sucia, o sin ella; no podemos andar diciendo realmente TODO lo que pensamos y sentimos; si lo haces, eres un antisocial, un loco, un inconforme, tienes problemas… tampoco podemos hacernos pato con la renta, el gas, el teléfono, el servicio de Internet. Prohibido estacionarte en las esquinas y ni se te ocurra llegar tarde al trabajo…

En una de esas, si nos descuidamos lo suficiente, muy pronto tendremos un chip abajo del pellejo que controlará nuestras vidas…

¿Juegas el juego de "La realidad"?

jueves

(parentesis) sin acento

Ay, ay, ayyyy... me duele la cabeza.

La culpa de todo la tiene mi jefe neurótico que hoy está en contra mía… y la economía mundial que no mejora. Si tan sólo fuera menos gorda, todo sería distinto. Claro, lo que sucede es que no tengo una bicicleta. ¿O, será que fui maltratada de niña y no lo recuerdo? Quizá sea porque el mes de octubre es hermoso y estamos en febrero. Creo que me levanté demasiado rápido de mi cama.

Fueron otra vez los vecinos que no me dejaron dormir y por eso me siento tan casada.


¿Tendrá algo que ver el tequila que me tomé anoche? Ayyyyy

lunes

Diana, la cazadora


Era tarde ya, tuve que apretar el paso para llegar, pues la función empezaba a las nueve en punto. Un pequeño parque, tres bancos, establecimientos que abren las 24 horas, una pareja de hombres tomados de la mano, oficiales de la embajada gringa que no descansan nunca, hoteles, el Ángel de la Independencia, dos chicas; una de dientes torcidos y cejas que le sobresalían como un bosque diminuto; la otra, era la mujer más delgada que había visto en mi vida. Ambas me miraron como si hubiera llegado yo a estropearles la fiesta, así que, me hice mensa fingiendo interés en la preparación de la comida japonesa del restorán que estaba a mi derecha. Un enorme ventanal reflejaba mi silueta y aproveché para revisar que las ondas de mi cabello siguieran desaliñadas.

Estaba a punto de llegar. La noche era especialmente hermoooosa, la temperatura agradable, había estrellas en el cielo de mi contaminada ciudad y la iluminación sobre el Paseo de la Reforma era perfecta. Antes de llegar a la esquina, hice dos pausas, cada una acompañada de un suspiro al tiempo que, en mi boca, se dibujaba una sonrisa con una suave ironía. Todo lo demás desapareció. Retrocedí a otra época, volví al lugar del beso, un beso que nació tiempo atrás y sigo interpretando su significación, sigo sintiendo su humedad, su olor, su sabor, incluso la presión de sus labios. Comprendí que la ironía de mi sonrisa fue porque fui culpable e inocente a la vez. Me gusta(ba) el receptor de ese beso, no porque fuera guapo en el sentido clásico del término, sino irresistible, ese tipo de cara que resulta casi imposible dejar de mirar. Tenía la nariz de tamaño regular, ojos redondos y pequeños y labios muy delgados. Pero en cierto modo todo se conjuntaba y cuando no miraba sus ojos castaños, me sorprendía su inteligencia y su gran sentido del humor. Parecía ser de esos raros hombres que encajan cómodamente con ellos mismos y con el mundo. Bien podía acompañarme en mis largas caminatas sin chistar, ir a tomar una copa y hablar de libros o simplemente charlar durante horas y todo era singularmente placentero.

Otro suspiro le regalé a la fuente.

De la calle venía el rumor del tráfico, el barullo de la gente y todos los pequeños ruidos que viven en los silencios de la ciudad. Parece que estuve una eternidad, ahí, parada en medio de Reforma, con los ojos abiertos pero mirando hacia adentro, absorta de pensamientos. Finalmente mi sonrisa se hizo divertida pues, eran ya diez para las nueve y la función estaba a punto de comenzar….

jueves

Quise escribir algo aquí,

y no pude.



Una lágrima nació en mi ojo izquierdo,



rodó
.
.

.

.

y,

al pender de mi rostro

como equilibrista

se abandona
.
.
.
.

y,

al caer,

actúa en homicidio


a la reclusión.

domingo

Requiem in pacem

Hoy, como tantas veces lo hice de niña, subí a la azotea. Hasta el punto más alto del edificio. Siempre me gustó hacerlo. En ese lugar, me daba tiempo de pensar; eran los momentos para volar. Recuerdo que me sentaba en la barda con los pies colgando (qué irresponsable). Disfrutaba ver a la gente pasar. Tomaba el sol y me llevaba refrigerios. Me quedó tan grabado aquel momento: tendría como 13 o 14 años, cuando empezó a llover. Me metí a un domo que me abrigaba de la lluvia y ahí me quedé sólo a mirar. En la acera de enfrente, debajo de un enorme árbol estaba parado un señor mayor con un perrito blanco llevado con una correa, esperando (supongo) que dejara de caer tanta agua. Me dieron ganas de bajar, abrir la puerta y gritarle si necesitaba cobijo. No lo hice. Todo eso lo pensé mientras me moría de frío, pero estaba seca y me sentía afortunada por eso. Recuerdo que en ese momento me sentí triste, como si el mundo estuviera dividido en dos partes al menos. Afuera y adentro. Como contemplar ese pedacito de mundo seca, mientras todo lo que estaba afuera se mojaba. Yo no podía tocar el agua, pero todo olía a lluvia, sentía su humedad y el frío de su brisa. Veía cómo sus gotas se pegaban en los cristales y resbalaban.

Respiré hondo y dejé de pensar en esas cosas (para pensar en otras).

Decía que, volví al rincón reflexivo de la infancia. Escogí ese lugar porque tengo la tarea de ordenar, acomodar, dar prioridad y limpiar el disco duro de mi cabeza; quedarme con lo valioso. Siempre he pensado que estamos vivos, pero llenos de muertos. Cargamos muertos que se van enredando entre nuestras células vivas, que no nos dejan vivir y van limitando nuestra capacidad de acción. Van desde muertitos: el amigo que ya no te habla, esa discusión absurda con tu hermano, tu libro favorito que no encuentras, la mala cara de la cajera del super; hasta los muertotes: discusiones de pareja, celos, el pasado, desencuentros, rupturas familiares, malas decisiones, sociedades moralinas… etc.
El cuerpo es tan sabio que busca la manera de deshacerse de esos cadáveres, pero desafortunadamente lo hace mediante suspiros, llanto, tristezas, migrañas, retortijones, dolores de pecho, colitis, urticarias…, en fin, es impresionante cómo pueden rajar tu calidad de vida los restos no excretados.

Y pues, como no deseo cargar ni cargarle mis muertitos a aquellos que están a mi lado (y que quiero profundamente), seguiré pensando y haciendo mi tarea desde el punto más alto del edificio, pero ahora, con 36 años encima, una libretita de apuntes y mi grabador de voz… a ver a cuantos logramos enterrar. Creo que valdrá la pena el ejercicio...

martes

Al revés


Estaba a punto de salir a la labor, un poco tarde y apurada; eran ya las 8 con 45 de la mañana. Completamente vestida, peinada y maquillada, bebí un sorbo de café. Muy a mi pesar me zafé los zapatos de puntitos blancos, los collares y la bufanda para el frío. Desabroché el cinturón, me quité el pantalón negro, desabotoné la blusa morada y la colgué, a mi ropa interior la dejé en el cajón; pues eran ya las 8:03. De prisa salí de la ducha caliente, bajé la vista y aún traía puesta mi pijama azul con blanco. Apenas parpadeé y estiré la mano para escuchar la radio, eran las 7:08. Hacía 17 minutos que estaba aún soñando con la última película de Woody Allen, mientras medité un poco; el despertador al fin sonó.

viernes

Reloj, no marques las horas...


Ella vagabundeaba por las calles con la cabeza baja y pensando siempre. Él hacía lo mismo, a diferencia de que llevaba la mirada puesta en el frente, quiero decir, hacia el horizonte. Ella se cansó de caminar y se sentó en uno de esos cafecitos acogedores de las avenidas de la colonia Roma. Él, y por alguna extraña ley de la atracción de los cuerpos (naaah, atraído por el ineludible olor a café), se encontraba en el mismo lugar. Se miraron y se regalaron una sonrisa. Por alguna razón él, le saludó y ella respondió amablemente al saludo. Los ojos de ambos brillaron, eso fue real. Siendo él tan tímido, ella se dijo que había que ayudarlo, tal vez ahí empezó la ansiedad, la enorme necesidad.

Quizá fue el barullo, el momento, la charla, el saberse escuchados, la comunión de pensamientos, el choque de miradas, las palabras, risas… el ensamble perfecto. El lugar donde se gestó la prisa fue en la cabecilla de ella, tan acelerada, tan hambrienta, tan sola y asustada. Se congratuló al fin y se puso una estrellita en la frente. Se dijo que ambos podrían darse toda la ternura, todo el acompañamiento que necesitaban. Cuando él no llamaba, ella completó el acto, cuando él no iba a besarla en la boca, ella tuvo mucha iniciativa. Un día, él la llevó a un parque y hablaron de todo, ella le contó de sus sinsabores, de su inestabilidad e inseguridades. Él le contó pasajes íntimos, de esos que no sabes por qué, pero sientes el calor en pleno proceso de deshielo. Ella sintió "amor" de inmediato (y le agradeció a Disney por todas sus historias). Esa misma noche, y sin pensar, ella le pidió que se quedara a dormir en su casa, él cedió. Se acoplaron en el acto, llenándolo todo de ternura y timidez. Poco tiempo después ella le propuso algo más serio y él dijo que no. Ella pataleó, lloró e insistió. No entendió que forzar los tiempos, descompone los relojes, desajusta las maquinarias, entorpece la autenticidad y acaba con las inclinaciones naturales.

A partir de ese fracaso y por varias semanas ella lloró como Magdalena, culpó y etiquetó a todos los hombres, los maldijo, y llegó a la conclusión de que todos son iguales. Nunca miró en retrospectiva para entender que su lucha era en contra del viento (y del tiempo). La realidad (en un acto de egoísmo puro), era sólo como ella la necesitaba.

Fin.
(para mi queridísima Fabiola)
Imagen: "Reloj blando"
Salvador Dalí

domingo

Volviendo a la realidad

La verdad y nada más que la verdad, es que me resistía a subir alguna otra entrada.

Quería disfrutar más del momento.

¡¡¡18 comentarios!!! Ello sí que es un gran logro…

Me sentí como Plaqueta, o como Hernández, o como el blog de Orsai (que todo el mundo lee).

Es tiempo de volver a la realidad, reconozco que ahora es como si me levantara de la mesa después de haber comido y bebido ansiando más, callando temporalmente el sonoro rugir de mis tripas. Podría pensarse que todos los cambios de situación llenan nuestra imperecedera gratitud, y la realidad es que nos acostumbramos rápidamente a darlo por sentado. Eso ocurre con toda clase de necesidades; mientras más te falta algo, lo ansías sin cesar. –Si tan sólo pudiera tener esto, todos mis problemas se resolverían-. Así te dices a ti mismo, una vez que tienes en tus manos el objeto del deseo, otras necesidades se afirman y vuelves al punto de partida. Una crónica insatisfacción. Así me pasó con mi compu, (quería una mejor), así pasó con mi coche (ni siquiera estaba segura de que realmente lo necesitaba), así pasó con mi antojo de comer el pastel de todos los chocolates juntos; satisfice mis “necesidades” y al final me di cuenta que son sombras, anhelos sustitutorios de lo que realmente quiero: afecto. La comunicación ideal con mis hijas, el amor de mi pareja, de mi familia, de mis amigos.

Y creo que a eso se reduce también la historia en esto de los “blogs”; tienes un comentario, y quieres dos, tienes diez, y podrías tener veinte, y caes en la cuenta de que si tienes cien, desearías tener los diez del principio…, la cantidad va a satisfacerte nunca (porque es algo que no tienes).

Así que, ya me hice bolas con todo lo que dije, con lo que tengo y con lo que no, pero lo que sí es cierto es que a lo que tengo nunca le daré el significado como lo que no tengo... precisamente por eso: porque no lo tengo. 



miércoles

Perfecto camuflaje


¡Ay comadre! Siempre que salgas a la calle, no olvides ponerte corrector para que no te noten las ojeras, crema que te suavice la piel y sean menos visibles las arruguitas, lápiz labial para que se vea roja tu boca y emule tu sexo, suficiente rimel en las pestañas para que tus ojos parezcan expresivos, rubor para no tener que generarlo con tu propia sangre, perfume que disimule tus intensas feromonas, enjuague en el cabello para que se vea brillante y se sienta suave, "Prozac" para que no recuerdes que estás deprimida, "Tila" para que no sepas que andas angustiada, lechita caliente para que cuando llegues a la cama puedas dormir, "Senocot" para que te funcione el intestino y no te veas hinchada, medias para que no se vea fea la piel de tus piernas, un brasiere bonito que te ayude a levantar y separar los pechos, tus uñitas bien pintaditas, ponte tacones (aunque te duela luego la espalda), pero las pantorrillas se verán torneaditas, una sonrisa “quitapón” al salir... En fin, vete a la calle siempre bien escondidita, no vaya a ser que alguien sepa quien eres realmente.

¡¡Qué susto!!

lunes

Otra metáfora.

Siempre he hablado de mis sueños por volar.

Hablo de mi intento por elevarme teniendo el control, y de lo único que dependo es del viento. Me doy cuenta de que todo está controlado por la velocidad y la constante del aire, sólo que no lo había razonado. Y nada puedo hacer. Tan es así que cuando corremos tenemos que meterle más aire al cuerpo que cuando caminamos despacio. Tampoco había notado que el aire varía en temperatura, de zona a zona; de momento en momento. Frío, templado, caliente, muy caliente; mi piel se empieza a ajar por las variantes. Allá en lo alto, se meten basuritas a mis ojos provocando inundación, los tengo hechos una verdadera miseria. Mi pelo está más enredado, por los cambios en la velocidad y temperatura. No quiero que empecemos a extrañar el piso, porque entonces, sí que sufriré de verdad…

Y nada puedo hacer.

sábado

Entre otras cosas...

Usualmente duermo poco, uso demasiado esas fases lunares que tanto me encantan ya que, en ellas, es posible intentar poner en letras las ideas, porque nadie en casa está despierto. Los espacios con duendes son míos al fin. Miro el orden y el desarreglo, los objetos que se amontonan sin que me de cuenta. Los cuartos se van desorganizando con objetos que uno aprende a no ver, pero que rompen el equilibrio y dejan huellas de tiempos y actitudes. Es como la enredadera del patio de atrás de tu casa que, si te descuidas se come tus paredes, y de tanto en tanto debes podar; una bella invasión que forma parte de la decoración.

Tengo que poner orden, tirar cosas a la basura, decidirme a dejar espacios libres. Es tan continua esa tarea, que uno puede creer que es finalidad de la vida misma. ¿Cuántos libros he abierto este año? ¿El pasado? ¿Y la ropa? Es extraño, me ha costado menos trabajo deshacerme de personas que de cosas, (y mira que he tirado, y tirado y tirado).

También han desaparecido muchísimos efectos para solo ser reabiertos en sueños donde de pronto tengo puesta la blusa de hace 10 años, o me acomodo en un sillón que desde hace tres años no veo. O camino por calles intransitables ya para mí. Es como ser serpiente mudando pieles, o araña dejando esqueletos viejos tirados para usar los nuevos. Si entrara a cada recoveco de mi mente, hiciera recuentos y pisara recuerdos, me quedaría mucha holgura para reír. Si quitara puertas y ventanas, saldrían las dudas que tanto me atormentan y abriría el paso a pájaros y mariposas. Si me atreviera a dejar de ser más o menos buena gente, o simpática o entregada, reaprendería a pisar el pasto con los pies desnuditos. Si destruyera el archivo que contiene mis preocupaciones por mi futuro, o la salud de mi cuerpo, o de que si alguien me ama o no, viviría en paz en esa veredita mirando a hurtadillas por entre los espacios de ventanas viejas.

En fin, si ese sueño taaan hermoso, esa visión que tengo de que soy un ave humanizada, se realizase, volaría encima de los techos y sentiría el viento trastocarme. Pero creo que, solo es cosa de quitarse el nudo de la garganta, de armarse de valor para descascarar tantas ideas falsas pegosteadas por todos lados, que ensucian y empobrecen. Es mas bien, dejar de pensar las cosas que pienso, y de tener estas actitudes gastadas y miedosas. ¡Claro! “Gastadas” es una buena palabra, ahora que la pienso: me han servido tanto, y tan poco. He sido tan alegre y tan triste. He dado tanto y me he dado tan poco. Lo que creo que representa mis deseos de hoy día, es poder abrir los dedos de las manos, y dejar que se escapen los estúpidos celos, los nudos en la garganta, los fardos, los temores, las culpas, las soledades. Justo ayer, brevemente hablábamos de identidades, y no quiero perderme de todo eso. Pero a veces, quiero sentarme en una silla muy cómoda, y que alguien se ocupe de darme de comer en la boca, que me abrace con ternura y me mime.

Y es que, la vacación termina, un año cargado de "nosequé" comienza, el panorama se vislumbra algo turbio, y veo a toda la gente tan animosa que me asusta ser como soy…, adelante pues, que el futuro es algo inminente.

martes

Buenas lunas...

-Buen día-.

-¿Qué tienen de buenos?-.


Tienes razón, no llamé…
Perdí el hilo del tiempo
Me confundí.

Buenas tardes o buenas noches
todo es idéntico
al día anterior y al que le sucede
tampoco es distinto el amor
en mi corazón.

Buenas lunas, siempre
antes de las tres de la madrugada
escribes y te escribo
te beso en la frente
te miro callada

tengo frío

el frío duele.


domingo

¡Shhhhhh...!

Reconozco que el "silencio" es muy cercano para mí. Paso la mayor parte del tiempo evadiéndolo, burlándolo, esquivándolo. Pero la realidad es que me apetece sentirle cerca. Hay veces que lo necesito y lo pido a "gritos". Veces, en las que no soporto el estrés sonoro y quiero relajarme en tranquilidad absoluta.

La mayoría de las veces disfruto jugar con él y en él. Otras, lo esquivo por aburrido, o porque me juega malas pasadas. Hay momentos en los que me ayuda demasiado a concentrarme y a escuchar mi propia voz. Y hay otros en los que me marea y me confunde de tal manera que ni yo misma puedo discernir un pensamiento de otro. En cambio, hay momentos en los que lo único que quiero es escuchar risas, charlas, bullicio, oír lo que sea para no quedarme a solas con mis emociones.

Hay veces que se hace silencio, otras que se provocan silencios, y otras más en las que rompemos silencios. Yo a veces callo porque no tengo nada qué decir; otras, me muerdo las ganas de escupir lo primero que llega a mi mente (casi siempre en intento fallido), por ese temor visceral a equivocarme sin remedio. O no hablo porque transmito lo que no quiero decir, o porque realmente carece de importancia. Otras veces, de plano hablo demasiado por nervios o porque no soporto esos atronadores silencios incómodos.

Siempre, desde muy niña, he sido muy conversadora; pero igualmente celosa de mis silencios. Es por ello que disfruto tanto mis fases lunares. Mis silencios son míos, aunque los odie y los ame, me confundan y traicionen... pero es cierto que, cuando el esquema cambia y hay más ruido de lo cotidiano, suelo gritar:


Silencioooo ven a mí... (por favor)



lunes

Se libre:

* Tira tu agenda a la basura

* Olvídate de tu nombre y apellido

* Quema tu ropa de vestir

* Tómate un tequilita (hasta dos)

* Guarda el reloj en el fondo del cajón

* Saca tus boletos del metro

* Mete tu auto al taller

* Ahoga el despertador

* Cancela tu cuenta de correo

* Clausura tu blog

* No abras el buzón

* Sal a caminar

Respira, suda, come, respira, alégrate, olvídate, lee, muévete, camina mucho, despéinate, vibra, abre los brazos, ponte ropa cómoda, no te mires al espejo, patina, toma malteada, baila, ve caricaturas, olvida, respira, respira, ensancha tu horizonte, respira, respira…

oficialmente DE VACACIONES.