Apenas ayer, vi un papel y en una esquina me senté a leer. Decía que me querías y me emocioné. Traté de salir. Corrí, corrí a velocidad hasta que choqué con una pared, di la vuelta, me encontré con tus ojos, vi tus manos y lloré… como lo hacen los que aman. Grité hasta que caí. Quédate con un te quiero, ¿quieres?... a veces creo que lo mejor es pretender no sentir, porque es más fuerte y sólido amar débilmente -de a poco-, que sentirse débil amando demasiado.
Ayer, te confundí, te transmití mis debilidades; te escondiste, te busqué, te encontré, me escuchaste, hablaste y te quedaste. Gracias por eso.
..Hoy, vuelven las ganas de estar, de ser, de tener (te), como lo más perfecto que en algún momento, delirando, creé.
(Fue ayer cuando me caí, y hasta hoy duele el golpe...)