viernes

Feliz día


...MAMÁ (q.e.p.d.)

lunes

Renacer en...

“Cuando me muera y me tengan que enterrar…” quiero renacer en, en… en: ESTRELLA DE CINE (pero de Hollywood). Seré hermooooosa y tendré la piel perfecta, sin una sola manchita (ni pecas, ni cosas raras). Naceré con el cabello largo, lacio y sedoso, sin importar cuál sea mi circunstancia.  Mis dientes serán tan perfectos, que cada vez que sonría saldrán destellos luminosos de mi boca (carnosita, digo yo, ya que estamos en complacencias). Tendré el cuerpo más armonioso; “ni muy muy, ni tan tan”, le dicen. Mis senos serán preciosos y lucirán siempre en su lugar con toda clase de ropa entallada y por supuesto, a la hora de correr. Las estrellas de cine NO mojan la axila, es más, NO SUDAN. Se mojan un poco sensualmente al hacer el amor o cualquier otro ejercicio, pero nunca las axilas. Tampoco van al baño. Los baños son excelentes para la decoración, (o como batalla con agentes-ultra-secretos). Lo mejor de todo es que, como soy perfecta, me toca el galán perfecto. Con una sonrisa casi tan perfecta como la mía, me tomará por mi micro cintura y me besará apasionadamente delante de todas arrancando suspiros de envidia. Nunca moriré; siempre antes del último segundo, me salvaré (con mis senos en su lugar, el maquillaje intacto, y el cabello tan sedoso como siempre). Otro beso apasionado.

 

La cosa es que... emmm... nnno creo que sea MUY inteligente, sólo seré LA figura perfecta, tampoco sabré de cariños, o si de verdad gozaré el sexo y (lo peor), me desvaneceré cuando la palabra FIN aparezca en la pantalla…

 

Creo que mejor voy pensando en otra cosa…

domingo

Hacia el final... ¿feliz?


Haciendo un recuento de todo por lo que he pasado estos últimos años, me puse a revisar en el armario los zapatos y ver cuáles me servirán para andar en el tramo que me falta de vida. Los necesito, porque todavía tengo que caminar bastante y seguramente atravesaré por las mismas sendas, pero ya mucho más preparada, con menos humildad, menos ingenuidad y mucha más experiencia. Eso sí, con una pierna en la realidad externa y una pierna dentro de mí misma. Es momento de soltar los lazos rosas imaginarios, ya sabes, donde piensas que la primavera es perpetua. ¡Qué lugares comunes suelen ocupar mi poco instruida cabeza!

Es ahora el momento justo para comprar el periódico, leer más libros, ocupar mejor las horas, comprarme faldas nuevas y mirarme al espejo con cariño. Buscar a mis hermanos, a mis amigos, volver a preocuparme por no morir, hacer el esfuerzo por ver televisión, ir al cine, cuidar mis bellas plantas, besar a mis hijas, pintar de azul una pared, sembrar rosas, recordar los besos, los buenos modales. Quizá sea bueno ensayar un cambio de peinado, planear un viaje a Europa y pagarlo en abonos. He contemplado la idea de coquetear de nuevo.

Me rehuso a oler a desilusión, me compraré jabones nuevos, tomaré mi pastillita para la ansiedad, quizá le contaré a mis amigos versiones censuradas de mi vida, nadaré kilómetros y mi cuerpo retomará la firmeza de antes…

¿Crees en los finales felices?

Yo sí, sí creo.

Es momento de buscar mi propio final feliz.


miércoles

Con las gafas puestas


Me colocaré las gafas derretidoras de toda realidad obnubilada. Quisiera derretir todo lo que está pegosteado e iniciar un viaje hacia lo difuso. 

Es necesario.  

Voy a escuchar toda la música que pueda encontrar. Sé que muy pronto descubriré cómo, entre nota y nota, la realidad se desvanece y se convierte en magia otra vez. Bailaré con mis pies descalzos entre las flores de colores y naturaleza transformada en psicodelia pura. Beberé muchas copas y sentiré el líquido disuelto en todo. Podré sentir el deshielo y veré cómo se transforman los colores con la luz.

Me desnudaré despacito y cada prenda la pondré en su justo sitio. Luego, después de haber bailado un rato con la piel completamente descubierta,  repararé con pedacitos mis alas, eso sí, teniendo precaución para que estén equilibradas, poniéndolas con mucho cuidado en cada lado de mi cuerpo.

 Más pronto de lo que creo, con mis gafas puestas, habiendo derretido mis miedos y pesares;  habiendo reparado mis alas con trozos de recuerdos; habiendo bebido más de la cuenta;  desdoblaré un vestido nuevo, y me lo pondré aunque nunca use vestidos, en una de esas (y con suerte), está hecho justo a mi medida…   

martes

Seco












Poquito a muchito o muchito a poquito nos fuimos engarzando; nos metimos en los resquicios del otro. Con la yema de los dedos tocamos nuestros rincones y lo acaparamos todo. Fue tanta nuestra voracidad y tal nuestro ahinco en tan poco tiempo que, a final de cuentas, el denso enramado se fue deshidratando... Quisiera saber qué siente el roble ante estas circunstancias.




Imagen: "Life´s like a tree"

sábado

Instructivo para querer...


Para querer a veces el corazón hace este larguísimo hilo transparente que se empecina en enredarlo y anudarlo todo: un aburrimiento, un dolor, una canción, una última suerte, un último desprecio, una discapacidad, otra piel, un periodo de oscuridad.

Para seguir queriendo hemos de fabricar un barquito de papel que vaya en dirección al viento; unas ganas de morder un zapato; de descubrir la piel y quedarse a observar cuantas miradas se pueden soportar antes de volver a cubrir; desmemorizar sin olvidar; parchar y zurcir; separar sin dividir. Acabo de entender que, para querer sin equivocarse hay que ser natural y lento; todo lo desmemoriado posible; tener todas las mesas puestas para merendar; ser amable y duro; sentarse en todas las butacas antes de que la película comience; desaparecer de pronto; hacer de los silencios el preludio de una bella nota.

Para querer con algún acierto, sería bueno aprender a caminar bajo la lluvia y no temer a los rayos; armar un improvisado equipo de futbol; beber una cerveza a solas en algún bar; tomar un camión sin rumbo; sorprender de vez en cuando por la espalda; contar un chiste. En fin, todas aquellas cosas que nos unen, reúnen y nos acogen sin premeditación…

Y querer, también es decir ADIÓS y desear siempre, lo mejor.

jueves

84, Charing Cross Road



Hace unos días recibí uno de los mejores regalos que me pudieron dar. Se trata de un libro. Un libro que, quizá ha pasado inadvertido, pero para mí (sin mencionar el valor sentimental que le presto), se ha convertido en una de mis lecturas favoritas por el sentido de su contenido.

 Me refiero a: "84, Charing Cross Road", de Helene Hanff.

Son cartas. Cartas enviadas por esta excéntrica escritora estadounidense que, a lo largo de veinte años, le hace llegar al encargado de una librería de viejo ubicada en Londres.

Me identifiqué tanto con el amor que ella sentía hacia los libros, que mientras leía, la imaginaba bebiendo y fumando con ellos, sus compañeros, en los únicos que confió. Creía en sus libros más que en nadie en el mundo. Los sentía adoptados, suyos. Los consideraba como a los hijos que nunca tuvo. Dormía con ellos, siempre la acompañaban; algunas veces los llevaba de sigilo, escondidos en alguna bolsa o bajo sus ropas como protección. Protección contra la bestialidad de afuera, o quizá la suya, a la que más temía, por estar fuera de control. La imaginé rodeada de libros, en el piso, en las cajoneras, sobre la cama, en el buró, dentro de algún cajón, tomando el espacio destinado a otros objetos, quizá ese espacio destinado a algún compañero de piel y hueso (aunque fuera ocasional). A sus libros los conocía por referencia y para referencia, más que por nombre. Los consultaba a todos, llenaba su cabeza de cuentos, historias; le gustaba estudiar.

La imaginé bebiendo alcohol barato, y entre el humo  perdía ganaba el tiempo, tejiendo siempre fantasías, sueños e irrealidades. Se escapaba en la espesura gris del tabaco mientras enrollaba sus cuentos, para después des-enrollarlos de a poco. Perdía la idea entre términos metafóricos que apenas podía entender ya que se decía iletrada la mujer. Quería saberlo todo, y la misma idea de no saber la excitaba, la trastornaba y la tomaba bajo su control.

Pasaba las hojas y las horas leyendo el mismo párrafo sin poderlo entender. Decía que su instrucción era deficiente al no haber pisado una universidad, y por consecuencia a ello se debía su adicción. Le daba por sentirse poetisa, filósofa, cuentista. Quería capturar día a día el estado de su razón. Se echaba a volar en el sueño de sus delirios, era ya casi un ritual.

Esa pasión por el olor, por la tinta vieja, por la espesura del papel, por las anotaciones hechas por otros, por la imaginación, por perderse entre historias, por estudiar a los artífices de esas historias: me parece realmente EXTRAORDINARIA.

Si tienen la oportunidad de leer este sencillo libro, se los recomiendo ampliamente. Ojalá les deje el amor... también a los libros.

lunes

Recortes de realidades


Estamos en el proceso de ubicar ese pedacito de realidad que nos molesta. La realidad que más amamos, la realidad que nos produce las más distintas contradicciones. Esa realidad que nos irrita la piel, que nos deja desarmados, que nos acelera de golpe los sentidos, que nos hace arrodillarnos, perder la calma, evocar a la angustia, a sentirnos como en un examen todos los días. Que nos invita a BUSCAR ese otro cubito de realidad que nos contagie de armonía y nos haga mover las piernas. Que fluya el mal karma que se alojó en los resquicios de las vértebras. Si lo extirpamos de una buena vez, nos sentaremos a observar con mucho cuidado si la sensación vital nos cambia… ¿No?

La Cazadora


A la Diana le gusta salirse a caminar. A caminar por Reforma, a ver si lo llega a encontrar.

Ya déjate de sueños cazadora, a él jamás lo cazarás.

¿A poco quieres cazarlo? ¿A poco se dejaría?

No, Diana, a la que llaman Cazadora; 

jamás se dejaría ni siquiera seducir, 

no será arrastrado hasta tus fauces

jamás se dejaría, ni siquiera besar.

Pensamiento fugaz


De tanto estarte pensando, de repente pensé:

Que pensaba muy poco, muy poquito, pero siempre pensaba en lo mismo, -pensé-. 



Siempre pensaba en ti.

domingo

Mis días en Pátzcuaro

Bueh…

Pues ya estoy de vuelta luego de pasar unos descansados días en un lugar que, a mi gusto, es fantástico.

Si bien, de pronto me ha entrado la loquera de subirme a un camión y alejarme de la ciudad por un rato, nunca lo había hecho por mis propios medios y manejando sola. Y la simple idea, me atrajo. Buen pretexto para pensar ciertas cosas.


Llegué por carretera a la ciudad de Morelia, hice una rápida escala (al baño) y como una hora más tarde llegué a mi destino: Un hotelito de esos ecológicos con apenas 10 habitaciones. La atención del lugar fue de lo mejor, y los inquilinos con los que me tocó compartir, eran realmente muy divertidos. La pareja (envidiable) de adultos mayores enamorados el uno del otro; el grupo de chavos hippitecos, todos metidos en dos cuartos; los recién casados; un par de alemanes simpatiquísimos; una familia con hijos adolescentes; un gringo y una gringa (que no dejaban de tomar fotos) y yo. Hicimos un buen grupo. Por las noches, nos juntábamos en el lobby (si se le puede llamar así), nomás a charlar y beber cerveza. Como yo era la única invitada sola, siempre me tomaron en cuenta para todo.

Caminé hasta que mis pies pedían auxilio, y si el hambre me asaltaba, me acomodaba en algún restorán y pedía la especialidad del lugar. La base de mi alimentación fue pescado blanco y las famosííísimas corundas de maíz. Pero lo que me encantó fueron los postres, el chocolate, y por supuesto, el cafecito…

El viernes fueron las procesiones de Cristo. Por la noche se realizó la “Visita de los siete templos”, pues según la liturgia católica, esa noche Jesús fue tomado preso. Yo no sabía nada de esto y pus ahí voy…

Me encantó la arquitectura de toda la ciudad, como del siglo XVI todo muy homogéneo. Se me hizo especie de utopía en la que todos somos iguales; básicamente sobresalen estos tres elementos: adobe, teja y madera. Visité la Plaza Vasco de Quiroga, la Plaza Gertrudis Bocanegra, la Basílica, la Biblioteca Pública, el Museo de Artes Populares, la Isla de Janitzio (y me faltaron un chorro de lugares). Es un verdadero paisaje ver a los pescadores hacer su trabajo con sus redes (enormes) en forma de mariposa. Tuve suerte, porque cuentan que, ahora es sólo espectáculo ocasional en las celebraciones de Semana Santa y Día de Muertos.


La pasé chidín…


¿Pensé lo que tenía que pensar? Uy sí, sin Internet, NADA es igual...




Intento de conversación entre alguien y María en un café:

Alguien- Hola, ¿eres de aquí?
María- ¿de aquí de Pátzcuaro?
Alguien- No, de México.
María- Claro.
Alguien- Pero eres muy guapa.
María (sorprendida por tanta estupidez)- ¿Y qué, las mujeres de México no te parecen guapas y andas buscando turistas para ligar? Pues ¿qué crees?, soy mexicana y NO he venido a ligar…

Pd. A´i les debo las fotos, no me llevé cámara y las de mi celular las bajé y son un asco, TODAS. Espero que el par de gringuitos que me tomaron hartas fotos me pasen alguna y la pueda compartir.

lunes

Aviso Oportuno



En lo que llega el filántropo, pido licencia para ausentarme un rato. Me jalo hacia Pátzcuaro Michoacán, pa´ reflexionar un poco y ordenar mi cabezota... 

Bonitas vacaciones...


martes

Increible

Hoy en la labor, descubrí que respiraba hondo y despacito, muy atenta para que no se escapara; vigilando mis latidos. Ponía parapetos en ventanas y puertas corporales. Era precioso vivir ese calorcito como de estar en una cama, tapada por las sábanas hasta arriba y cobijas cuando hace mucho frío. Sentía la relajación de un cuerpo feliz y mimado, la caricia aún reciente bien impresa en mis células cutáneas, y la sangre irrigando mis sentidos. En las cuencas de mis ojos seguían alojadas las flores de colores, los dulces de sabores y las imágenes que iluminan el cerebro: había terminado de hacer el amor contigo.

(creo que comeré hongos más seguido)

viernes

Time after time



***Suelo caminar al revés para "atontar" al tiempo.

***Suelo tomarle prestadas horas a mi sueño y usarlas para pensar(te).

***Suelo dormir de día para robarme otros tiempos.

***Pero sobretodo, suelo olvidar a tiempo.


¿Será sano?

sábado

Momentos placenteros de la vida...

Hoy, tengo ganas de comer todas las cosas malignas que me pueda encontrar. Empezaré por una bolsa mediana de papitas (o quizá dos). La salpicaré de limón y salsa "Valentina", hasta que estén lo suficientemente ácidas y chilosas. Comparé una Coca-Cola de vidrio y  beberé el líquido con popote. Un buen bocado de papitas, un traguito de coca. Masticaré todo muy len-ta-men-te. Mmmmmm… delicia… debe ser un TRAGUITO, no TRAGOTE; para que los sabores se mezclen en mi boca. Cuando ya me sienta harta de tanta papa; me quiero chupar los dedos para desaparecer todo rastro de sal y de chile pegosteados.

Como segundo tiempo: "Pingüinos Marinela". Los pondré panza arriba, primero uno y luego el otro. Quiero mordisquear el pastelito quesque de chocolate (corrientísimo), hasta llegar a la cremita llena de grasas hidrogenadas que tapan las arterias para siempre. Dejaré hasta el final la cubierta de “chocolate” (ja, qué chocolate ni qué mis narices), masticaré pausadamente la cadenita blanquecina de azúcar a manera de gran final…


el placer fue breve, pero real, como todo lo bueno de la vida…

martes

Pies desnudos

Agua fría, pies desnudos

Tierra mojada,
bajo mis dedos crispados.

Luz de día que agoniza,
sobre el agua caprichosa.


Pies desnudos, agua tibia.

Ojos que danzan a ritmo
de sonidos que pisan el caudal.

Sangre que corre
hacia el olvido.

Un cuerpo que brilla

y detrás de todo



siempre
...siempre tú.

domingo

Silencio



Hace unos momentos leía en el blog de Magda Díaz ,su apunte más reciente que tituló: “Renunciar a escribir”. Me pareció de lo más acertado. En él, hace un análisis muy personal de las posibles razones por las que un autor toma la decisión de apagar su voz. (Yo creo que la voz no se silencia por completo; sino que deja de ser compartida).

Cita a Juan Rulfo –entre otros-, quien dice que cada que le hacían la pregunta en relación a sus ausencias escriturales, él contestaba: “Pues porque se murió mi tío Celerino, que era el que me contaba las historias”.

Me encantó esa respuesta.

Pretexto o no, creo que, una pérdida cercana sí hace mella en lo que quieres contar y cómo lo quieres contar. Y viene la ausencia, la apatía, la inseguridad, la necesidad de consuelo. Es una especie de costra que tu cerebro fabrica para trabajar el dolor. Hace poco menos de un mes, mi compañera de casa, mi mejor amiga, la bebedora de café, la maestra Maricarmen del Anglo, la eterna enamorada de Jim Morrison, la fumadora empedernida, la estudiosa, la aprendiz de acuarela y por cierto mi mamá: murió.

Su ausencia me ha dejado un enorme hueco y profunda tristeza. Ello ha hecho que mientras me reconcilio con la vida, haya dejado a un lado el compartir mis textitos. Debo confesar que he escrito más que nunca. Historias cortitas y sólo para mí. Le escribo de manera muy íntima a mis amores. A los que están a mi lado y a los que ya no están. El tono de la mayoría de ellas es melancólico y quizá con toquecitos de desesperanza:

Debo marcharme ya. Ponerme en el camino, y luego, si por casualidad, encuentro una puerta, me aventuraré a mirar. Si ésta se abre, pues tanto mejor. Sé que no hay nada que me diga que debo abrir esa puerta, pero la abriré de todos modos. Si me animo, entraré en una habitación vacía y quizá descubra que es ahí adónde pertenezco; habré encontrado mi sitio. Si no, será otra puerta que se abre y se cierra en el camino. De esas puertas que abres y cruzas el umbral y descubres que no hay habitación, que no hay nada ahí que te invite a pertenecer. Descubres que lo que hay delante de tus ojos, es más camino que se extiende ante ti. Si ello sucede, me ajustaré los zapatos y jalaré un poco más de aire, para seguir andando, poniendo un pie delante de otro…

Continuando mi camino,
Encontrando muros sin puerta,
Hoyos en el suelo
O huecos en el cielo
…”


Escribir es un ejercicio hermoso. Yo envidio sincera y sanamente al escritor, al narrador, novelista, al ensayista, al cuenta historias, al creador de ideas, al poeta; al que rescata del fango el sentimiento y lo lleva a la palabra.

Es un placer grande, oírse decir las palabras que salen de tus labios, para después tomar un papel y ponerlas en letras; ya hacia el final, leer los sonidos que salieron de tu boca... aunque a veces, no te guste nada (o nadie lo comprenda) y decidas guardarlo en el fondo de un cajón… qué le vamos a hacer.


miércoles

De vuelta

El auto de lujo da de trompicones delante de mí, con la señora que, perdiendo totalmente el control, se asegura de que nuestras miradas choquen, con el único fin de hacerme señas obscenas con sus dedos perfectamente manicurados. La chica de la tele chapotea como rana en su propio lodazal con blanca sonrisa y frases memorizadas al dedal. El conserje atento a las cinco de la mañana para abrirle la puerta al camión de la basura. Mi compañera de trabajo, juguetea con sus zapatos y se toca los pies debajo de su escritorio. El pretendiente que pretende pretenderme invitándome a comer, haciéndose el aparecido a la hora de salir de la labor. El loco que escribe fantasías incoherentes que habitan sólo en su cabeza. Los ojos de las ventanas que me miran llegar a casa. Detrás de ellas, la gente se reúne a cenar, se preparan para dormir y soñar. Para la mayoría de ellos esta noche es una noche parecida a la de ayer, y la de ayer a la de la noche anterior. Vidas cerradas y circulares con hábitos y rutinas casi predecibles. Y en ese mundo estoy yo, protegida por una burbuja invisible y todo lo miro desde ahí. Mis ojos no me pertenecen. Al despertar me coloco un visor que me desprende de mí, perfectamente receptiva a lo que sucede a mi alrededor, pero nada puede tocarme. De vacaciones en otra dimensión. Sin embargo sigo sintiendo, sigo amando, riendo, cantando, mis uñas las sigo mordiendo, sigo atenta al vecino, a la chica de la tele, al conserje, a los zapatos de mi compañera de trabajo, al loco… pero con un yo que ha cambiado.

domingo

“La vida es temporal, el estudio es para siempre.

Gracias Señor, por el estudio…”


(Maricarmen González 1953-2009)

Mi McBlog

Y para "celebrar" mi post número 200 va una reflexión Mariamarguetas:

Yo soy María y tengo un McBlog...

Verán porqué:

Cito ahora a Donald Hall, poeta inventor del término McPoema a mediados de los años ochenta: 

[las características de los McPoemas son] ...ser frecuentemente legibles, encantadores, graciosos, conmovedores, algunas veces incluso inteligentes. Usualmente son breves, se parecen unos a otros, y no hacen grandes afirmaciones sino que conectan unas pequeñas cosas con otras pequeñas cosas” (citado en Opposing Poetries, de Hank Lazer, Northwestern University Press, Illinois, 1996, p. 21.)

Por-lo-tanto, según lo afirmado por Donald Hall, no me queda más que concluir: 
 
Mi McBlog, está repleto de McPoemas: McBreves, McLegibles, McEncantadores, McConmovedores, y a veces pueden ser hasta McInteligentes. McGraciosos no, porque mi sentido del humor es muy bobo. Otras, querido lector, con lágrimas en los ojos lo único que le puedo ofrecer es una triste y pobre McCajita Feliz (con todo y su McObsequio dentro).

...Y yo que tanto detesto las McHamburguesas. 

Demonios. Ya me deprimí.