miércoles
¿Sí?
sábado
Un año que termina y uno que empieza
jueves
sábado
Despedida
Así como toda taza de café tiene un fondo, toda reflexión llega a una conclusión.
MARÍA
martes
jueves
Despertar
Pensé en mi anhelo de que regrese lo que aún no se ha ido…
...
y ya.
viernes
Reflexión con café
martes
Ausente
miércoles
Imposibles
Soy química rara que todo lo que toca lo transforma en imposibles.
martes
Hablando de detalles
massencillooelmasespecificonoscuestatrabajo
entenderlascosasdentrodeunaconvivencia
llevadosporlacotidianidadperdemoselcuidado
ynosdejamosllevarporlosgrandesgestos.
domingo
De noche...
Ellos, tenían la costumbre de encontrarse de noche…
A esa hora, en la que todos los gatos son pardos y la oscuridad lo permite todo. Eran los momentos en los que podían descubrirse, inventarse, tutearse; sabían divertirse y llevar vidas paralelas. Era en esos ratos de acoplamiento lunar en los que reían, se contaban secretos, bebían café y se hacían el amor salvaje y misteriosamente.
viernes
lunes
Renacer en...
“Cuando me muera y me tengan que enterrar…” quiero renacer en, en… en: ESTRELLA DE CINE (pero de Hollywood). Seré hermooooosa y tendré la piel perfecta, sin una sola manchita (ni pecas, ni cosas raras). Naceré con el cabello largo, lacio y sedoso, sin importar cuál sea mi circunstancia. Mis dientes serán tan perfectos, que cada vez que sonría saldrán destellos luminosos de mi boca (carnosita, digo yo, ya que estamos en complacencias). Tendré el cuerpo más armonioso; “ni muy muy, ni tan tan”, le dicen. Mis senos serán preciosos y lucirán siempre en su lugar con toda clase de ropa entallada y por supuesto, a la hora de correr. Las estrellas de cine NO mojan la axila, es más, NO SUDAN. Se mojan un poco sensualmente al hacer el amor o cualquier otro ejercicio, pero nunca las axilas. Tampoco van al baño. Los baños son excelentes para la decoración, (o como batalla con agentes-ultra-secretos). Lo mejor de todo es que, como soy perfecta, me toca el galán perfecto. Con una sonrisa casi tan perfecta como la mía, me tomará por mi micro cintura y me besará apasionadamente delante de todas arrancando suspiros de envidia. Nunca moriré; siempre antes del último segundo, me salvaré (con mis senos en su lugar, el maquillaje intacto, y el cabello tan sedoso como siempre). Otro beso apasionado.
La cosa es que... emmm... nnno creo que sea MUY inteligente, sólo seré LA figura perfecta, tampoco sabré de cariños, o si de verdad gozaré el sexo y (lo peor), me desvaneceré cuando la palabra FIN aparezca en la pantalla…
Creo que mejor voy pensando en otra cosa…
domingo
Hacia el final... ¿feliz?
Haciendo un recuento de todo por lo que he pasado estos últimos años, me puse a revisar en el armario los zapatos y ver cuáles me servirán para andar en el tramo que me falta de vida. Los necesito, porque todavía tengo que caminar bastante y seguramente atravesaré por las mismas sendas, pero ya mucho más preparada, con menos humildad, menos ingenuidad y mucha más experiencia. Eso sí, con una pierna en la realidad externa y una pierna dentro de mí misma. Es momento de soltar los lazos rosas imaginarios, ya sabes, donde piensas que la primavera es perpetua. ¡Qué lugares comunes suelen ocupar mi poco instruida cabeza!
Me rehuso a oler a desilusión, me compraré jabones nuevos, tomaré mi pastillita para la ansiedad, quizá le contaré a mis amigos versiones censuradas de mi vida, nadaré kilómetros y mi cuerpo retomará la firmeza de antes…
¿Crees en los finales felices?
Yo sí, sí creo.
Es momento de buscar mi propio final feliz.
miércoles
Con las gafas puestas
Me colocaré las gafas derretidoras de toda realidad obnubilada. Quisiera derretir todo lo que está pegosteado e iniciar un viaje hacia lo difuso.
Es necesario.
Voy a escuchar toda la música que pueda encontrar. Sé que muy pronto descubriré cómo, entre nota y nota, la realidad se desvanece y se convierte en magia otra vez. Bailaré con mis pies descalzos entre las flores de colores y naturaleza transformada en psicodelia pura. Beberé muchas copas y sentiré el líquido disuelto en todo. Podré sentir el deshielo y veré cómo se transforman los colores con la luz.
martes
Seco

sábado
Instructivo para querer...
Para querer a veces el corazón hace este larguísimo hilo transparente que se empecina en enredarlo y anudarlo todo: un aburrimiento, un dolor, una canción, una última suerte, un último desprecio, una discapacidad, otra piel, un periodo de oscuridad.
Para seguir queriendo hemos de fabricar un barquito de papel que vaya en dirección al viento; unas ganas de morder un zapato; de descubrir la piel y quedarse a observar cuantas miradas se pueden soportar antes de volver a cubrir; desmemorizar sin olvidar; parchar y zurcir; separar sin dividir. Acabo de entender que, para querer sin equivocarse hay que ser natural y lento; todo lo desmemoriado posible; tener todas las mesas puestas para merendar; ser amable y duro; sentarse en todas las butacas antes de que la película comience; desaparecer de pronto; hacer de los silencios el preludio de una bella nota.
Para querer con algún acierto, sería bueno aprender a caminar bajo la lluvia y no temer a los rayos; armar un improvisado equipo de futbol; beber una cerveza a solas en algún bar; tomar un camión sin rumbo; sorprender de vez en cuando por la espalda; contar un chiste. En fin, todas aquellas cosas que nos unen, reúnen y nos acogen sin premeditación…
jueves
84, Charing Cross Road

Hace unos días recibí uno de los mejores regalos que me pudieron dar. Se trata de un libro. Un libro que, quizá ha pasado inadvertido, pero para mí (sin mencionar el valor sentimental que le presto), se ha convertido en una de mis lecturas favoritas por el sentido de su contenido.
Me refiero a: "84, Charing Cross Road", de Helene Hanff.
Son cartas. Cartas enviadas por esta excéntrica escritora estadounidense que, a lo largo de veinte años, le hace llegar al encargado de una librería de viejo ubicada en Londres.
Me identifiqué tanto con el amor que ella sentía hacia los libros, que mientras leía, la imaginaba bebiendo y fumando con ellos, sus compañeros, en los únicos que confió. Creía en sus libros más que en nadie en el mundo. Los sentía adoptados, suyos. Los consideraba como a los hijos que nunca tuvo. Dormía con ellos, siempre la acompañaban; algunas veces los llevaba de sigilo, escondidos en alguna bolsa o bajo sus ropas como protección. Protección contra la bestialidad de afuera, o quizá la suya, a la que más temía, por estar fuera de control. La imaginé rodeada de libros, en el piso, en las cajoneras, sobre la cama, en el buró, dentro de algún cajón, tomando el espacio destinado a otros objetos, quizá ese espacio destinado a algún compañero de piel y hueso (aunque fuera ocasional). A sus libros los conocía por referencia y para referencia, más que por nombre. Los consultaba a todos, llenaba su cabeza de cuentos, historias; le gustaba estudiar.
La imaginé bebiendo alcohol barato, y entre el humo
Pasaba las hojas y las horas leyendo el mismo párrafo sin poderlo entender. Decía que su instrucción era deficiente al no haber pisado una universidad, y por consecuencia a ello se debía su adicción. Le daba por sentirse poetisa, filósofa, cuentista. Quería capturar día a día el estado de su razón. Se echaba a volar en el sueño de sus delirios, era ya casi un ritual.
Esa pasión por el olor, por la tinta vieja, por la espesura del papel, por las anotaciones hechas por otros, por la imaginación, por perderse entre historias, por estudiar a los artífices de esas historias: me parece realmente EXTRAORDINARIA.
Si tienen la oportunidad de leer este sencillo libro, se los recomiendo ampliamente. Ojalá les deje el amor... también a los libros.
lunes
Recortes de realidades

Estamos en el proceso de ubicar ese pedacito de realidad que nos molesta. La realidad que más amamos, la realidad que nos produce las más distintas contradicciones. Esa realidad que nos irrita la piel, que nos deja desarmados, que nos acelera de golpe los sentidos, que nos hace arrodillarnos, perder la calma, evocar a la angustia, a sentirnos como en un examen todos los días. Que nos invita a BUSCAR ese otro cubito de realidad que nos contagie de armonía y nos haga mover las piernas. Que fluya el mal karma que se alojó en los resquicios de las vértebras. Si lo extirpamos de una buena vez, nos sentaremos a observar con mucho cuidado si la sensación vital nos cambia… ¿No?
