Los duendes de la casa ya ni me respetan. Antes, solían esperar a que mi sueño fuera profundo para salir a cotorrear. A estas horas, a la tubería le da por carraspear, a la madera por sacudirse la polilla, y a los ventanales por rechinar. Cada uno tiene voz y una historia que contar.
¿Cuándo empieza el día?